Viaje al fin de la noche / Louis-Ferdinand Céline

Feia molt que tenia aquest llibre pendent de rellegir, massa segurament, però la veritat és que el darrer llibre de Louis-Ferdinand Céline que vaig llegir em va deixar una mica amb ganes de prendre distància. Tot i això tinc un grandíssim record d’aquest llibre que vaig llegir farà vora vint anys, possiblement vaig pagar el llibre en pessetes, i el tinc en una altra edició de la mateixa editorial però en tapa dura, no n’he trobat una imatge prou bona o sigui que tiraré amb aquesta. Com he dit, massa temps esperant tenir una oportunitat per rellegir el llibre i ara aprofito un estiu (carregat de lectures però una mica menys) per començar amb el Viaje al fin de la noche.

Un viatge que comença a la parisina plaça Clichy per ràpidament anar a la Gran Guerra i el seu despropòsit.

Image from page 170 of "The people's war book; history, cyclopaedia and chronology of the great world war" (1919)

A lo lejos, en la carretera, apenas visibles, había dos puntos negros, en medio, como nosotros, pero eran dos alemanes que llevaban más de un cuarto de hora disparando.

Él, nuestro coronel, tal vez supiera por qué disparaban aquellos dos; quizá los alemanes lo supiesen también, pero yo, la verdad, no. Por más que me refrescaba la memoria, no recordaba haberles hecho nada a los alemanes. Siempre había sido muy amable y educado con ellos. Me los conocía un poco, a los alemanes; hasta había ido al colegio con ellos, de pequeño, cerca de Hannover. Había hablado su lengua. Entonces eran una masa de cretinitos chillones, de ojos pálidos y furtivos, como de lobos; íbamos juntos, después del colegio, a tocar a las chicas en los bosques cercanos, y también tirábamos con ballesta y pistola, que incluso nos comprábamos por cuatro marcos. Bebíamos cerveza azucarada. Pero de eso a que nos dispararan ahora a la barriga, sin venir siquiera a hablarnos primero, y justo en medio de la carretera, había un trecho y un abimo incluso. Demasiada diferencia.

En resumen, no había quien entendiera la guerra. Aquello no podía continuar.

Soldiers treating a wounded German on the battlefield at Vimy Ridge, April 1917 / Soldats donnant les premiers soins à un Allemand blessé sur le champ de bataille de la crête de Vimy, avril 1917

Cal tenir en compte que la primera guerra mundial va ser la primera guerra on es va aplicar tota la potencia de la revolució industrial a matar, i va ser una carnisseria. Les xifres de la guerra que va venir després van ser pitjors, però això ho sabem ara, pels que van viure-la, la Gran Guerra era el més semblant possible a la fi del món.

Para muerte, prefería la mía, lejana… al cabo de veinte… treinta años… tal vez más, a la que me ofrecían al instante: trapiñando el barro de Flandes, a dos carrillos, y no sólo por la boca, abierta de oreja a oreja por la metralla. Tiene uno derecho a opinar sobre su propia muerte, ¿no? Pero, entonces, ¿adónde ir? ¿Hacia delante? De espaldas al enemigo. Si los gendarmes me hubieran pescado así, de paseo, me habrían dado para el pelo bien. Me habrían juzgado esa misma tarde, rápido, sin ceremonias, en un aula de colegio abandonado.

Una cosa força normal, els que lluiten en una guerra sense tenir ni idea de per què. I els que són a les trinxeres són els que s’arrisquen a morir, no pas els que decideixen les coses, l’alt comandament sol estar ben resguardat, el que fa la guerra encara més abominable.

Al cabo de cuatro semanas, desde que había empezado la guerra, habíamos llegado a estar tan cansados, tan desdichados, que, a fuerza de cansancio, yo había perdido un poco de mi miedo por el camino. La tortura de verte maltratado día y noche por aquella gente, los suboficiales, los de menor grado sobre todo, más brutos, mezquinos y odiosos aún que de costumbre, acaba quitando las ganas, hasta a los más obstinados, de seguir viviendo.[…] Cada metro de sombra ante nosotros era una promesa nueva de acabar de una vez y palmarla, pero, ¿de qué modo? Lo único imprevisto en aquella historia era el uniforme del ejecutante. ¿Sería uno de aquí? ¿O uno de entrente?

No era només la guerra el que repugnava al protagonista, encara més que això la retòrica i l’èpica que l’envoltava, una justificació absurda i imposada:

Los caballos tienen mucha suerte, pues, aunque sufren también la guerra, como nosotros, nadie les pide que la subscriban, que aparenten creer en ella. ¡Desdichados, pero libres, caballos! Por desgracia, el entusiasmo, tan zalamero, ¡es sólo para nosotros!

A la rereguarda coneix a Lola, una voluntària americana que col·labora en tasques de rereguarda en l’esforç bèl·lic aliat. Les dones li agraden, tot i que el retrat que en fa Céline avui en dia ens grinyola bastant.

Su cuerpo era para mí un gozo que no tenía fin. Nunca me cansaba de recorrer aquel cuerpo americano. Era, a decir verdad, un cachondón redomado. Y seguí siéndolo.

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Llegué incluso al convencimiento, muy agradable y reconfortante, de que un país capaz de producir cuerpos tan audaces en su gracia y de una elevación espiritual tan tentadora debía de ofrecer muchas otras revelaciones capitales: en el sentido biológico, se entiende.[…] Recibí así, muy juntito al trasero de Lola, el mensaje de un nuevo mundo.

Finalment els seus nervis ja no donen més de si i després d’una escena en un restaurant l’envien a un hospital psiquiàtric per veure si és boig realment o només ho fa veure per lliurar-se d’anar al front i el poden afusellar per donar exemple. Lola el visita, ella creu en l’esforç bèl·lic (tot i que hi ha el detall que ella no va al front).

Unos dijeron: “Ese muchacho es un anarquista, conque vamos a fusilarlo, es el momento, y rápido, sin vacilar ni dar largas al asunto, ¡que estamos en guerra!…”. Pero según otros, más pacientes, era simple sifilítico y loco sincero y, en consecuencia, querían que me encerraran hasta que llegase la paz o al menos por unos meses, porque ellos, los cuerdos, que no habían perdido la razón, según decían, querían cuidarme y, mientras, ellos harían la guerra solos. Eso demuestra que, para que te consideren razonable, nada mejor que tener una cara muy dura. Cuando tienes la cara bien dura, es bastante, entonces casi todo te está permitido, absolutamente todo, tienes a la mayoría de tu parte y la mayoría es quien decreta lo que es locura y lo que no lo es.

Qui és més boig? Qui declara la guerra? Qui hi ha d’anar? Qui obliga a un altre a anar-hi? El protagonista no té la resposta, però sí té clar que aquella guerra no té res a veure amb ell, que seguirà duent la seva vida d’abans en el millor dels casos o en el pitjor tornarà ferit o no tornarà. A mi la seva “bogeria” em sembla molt raonable.

“Entonces, ¡que vivan los locos y los cobardes! O, mejor, ¡que sobrevivan! ¿Recuerdas, por ejemplo, un solo nombre, Lola, de uno de los soldados muertos durante la guerra de los Cien Años?… No, ¿verdad?… ¿Nunca lo has intentado?[…]

Cuando descubrió hasta qué punto fanfarroneaba de mi vergonzoso estado, dejé de parecerle digno de la menor lástima… Despreciable me consideró, definitivamente.

Decidió dejarme en el acto.

Després de Lola, coneix a Musyne, artista que poc té a fer amb un soldat de baixa graduació i també entreté generals, ell l’espera pacientment i comença a semblar el seu proxeneta, i a més a més la guerra que segueix.

Yo era aún natural como un animal en aquella época, no quería perder a mi amada y se acabó, como un perro su hueso.

Perdemos la mayor parte de la juventud a fuerza de torpezas. Era evidente que me iba a abandonar, mi amada, del todo y pronto. Yo no había aprendido aún que existen dos humanidades muy diferentes, la de los ricos y la de los pobres. Necesité, como tantos otros, veinte años y la guerra, para aprender a mantenerme dentro de mi categoría, a preguntar el precio de las cosas antes de tocarlas y, sobre todo, antes de encariñarme con ellas. […] No demasiado lejos de nosotros, a menos de cien kilómetros, millones de hombres, valientes, bien armados, bien instruidos, me esperaban para ajustarme las cuentas, y franceses también me esperaban para acabar con mi piel, si me negaba a dejar que los de enfrente la hicieran jirones sangrientos.

Finalment decideixen que no serveix per la guerra, que no fingeix la inutilitat, que ho és de debó. Voldria embarcarse a Amèrica, però no li arriben els diners i tria Àfrica, les colònies franceses a Àfrica. De nou, com en el cas de les dones, en fa un retrat que avui en dia…

Côte d’Ivoire (Ivory Coast)

Bogábamos hacia África, la verdadera, la grande, la de selvas insondables, miasmas deletéreas, soledades invioladas, hacia los grandes tiranos negros repantigados en las confluencias de ríos sin fin. Por un paquete de hojas de afeitar Pilett iba yo a sacarles marfiles así de largos, aves resplandecientes, esclavas menores de edad. Me lo habían prometido. ¡Vida de obispo, vamos!

El país és Bragamance, un país fictici a les colònies franceses a l’Àfrica subsahariana, on… bé, de seguida s’adona que potser no és al millor dels llocs, i de nou el seu retrat d’allà fa que coses com Tintín al Congo semblin progressistes.

El negrito, mi guía, volvía sobre sus pasos para ofrecerme sus servicios íntimos y, como yo no estaba animado aquella noche, se ofreció, al instante, desilusionado, a presentarme a su hermana. Me habría gustado saber cómo habría podido encontrarla, a su hermana, en semejante noche.

Us en feu una idea? El colonialisme descarnat, sense ni l’èpica de la civilització, res de res, rapinya i racisme a l’engròs.

“Bardamu —me dijo, una mañana que estaba locuaz—, ve usted esos negros que nos rodena, ¿no?… Bueno, pues, cuando yo llegué al Pequeño Togo, pronto hará treinta años, ¡aún vivían sólo de la caza, la pesca y las matanzas entre tribus, los muy cochinos!… En mis comienzos de pequeño comerciante, los vi, como le digo, volver tras la victoria a su aldea, cargados con más de cien cestos de carne humana, chorreando sangre, ¡para darse una zampada!… ¿Me oye, Bardamu?… ¡Chorreando sangre! ¡La de sus enemigos! ¡Imagínese el banquete!… ¡Hoy ya no hay más victorias! ¡Estamos aquí nosotros! ¡Ni tribus! ¡Ni alboroto! ¡Ni faroladas! ¡Tan sólo mano de obra y cacahuetes! ¡A currelar! ¡Se acabó la caza! ¡Y los fusiles! ¡Cacahuetes y caucho!… ¡Para pagar el impuesto! ¡El impuesto para que nos traigan más caucho y cacahuetes! ¡Así es la vida, Bardamu! ¡Cacahuetes! ¡Cacahuetes y caucho!…[…]”

Seria com El cor de les tenebres, de Conrad (m’he de rellegir el llibre), però sense aquella èpica, un entorn capaç de crear en un tres i no res un Kurtz si es troba amb el tipus d’home “correcte”, sigui això el que sigui. Aquí no tenim èpica, en tot cas una versió patètica de tot plegat. Com la justicia que, de tant en tant, els toca impartir.

Se trataba tal vez de un cordero tuerto que unos padres se negaban a restituir, pese a que su hija, vendida legalmente, no había sido entregada al marido, por culpa de un crimen que su hermano había encontrado medio de cometer, entretanto, en la persona de la hermana de éste, que guardaba el cordero. Y muchas otras y más complicadas quejas.

Railway Town, Madagascar

El colonialisme en aquest cas és francés, potser en algun altre cas no era tan precari ni tan basat únicament en el saqueig i la corrupció, però segurament sí eren tots si fa no fa.

Los crepúsculos en aquel infierno africano eran espléndidos. No había modo de evitarlos. Trágicos todas las veces como tremendos asesinatos del sol. Una farolada inmensa. Sólo, que era demasiada admiración para un solo hombre. El cielo, durante una hora, se pavoneaba salpicado de un extremo a otro de escarlata en delirio, luego estallaba el verde en medio de los árboles y subía del suelo en estelas trémulas hasta las primeras estrellas. Después, el gris volvía a ocupar todo el horizonte y luego el rojo también, pero entonces fatigado, el rojo, y por poco tiempo. Terminaba así. Todos los colores recaían en jirones, marchitos, sobre la selva, como oropeles al cabo de cien representaciones. Cada día hacia las seis en punto ocurría.
Y la noche con todos sus monstruos entraba entonces en danza, entre miles de berridos de sapos.
Ésa era la señal que esperaba la selva para ponerse a trepidar, silbar, bramar desde todas sus profundidades. Una enorme estación del amor y sin luz, llena hasta reventar. Árboles enteros atestados de francachelas vivas, de erecciones mutiladas, de horror. Acabábamos no pudiendo oírnos en nuestra choza. Tenía que gritar, a mi vez, por encima de la mesa como un autillo para que el compañero me entendiera. Estaba listo, yo, que no apreciaba el campo.

Un viatge al cor de les tenebres, al fons de la nit del colonialisme africà, rapinya i corrupció generalitzades, malalties, precarietat, i el pitjor de cada casa en un destí que tenia més de presó que de cap altra cosa. Els que estaven ben situats podien fer fortuna, però la resta ho tenien magre. En Bardamu és enviat al fons de la selva, enmalalteix, i és transportat i venut i acaba en un vaixell sense saber massa com ni perquè, tampoc li importa gaire, això sí quan es recupera de les febres la seva feina és remar quan no hi ha vent que mogui el vaixell. Bàsicament ha acabat, sense saber com, a gal·leres. Fins que finalment arriba a destí, un lloc on té clar que s’hi queda i que deserta del vaixell on està, tot i que li diuen que allà no hi farà res.

"Statue of Liberty 1"

¡Menuda sorpresa! Por entre la bruma, era tan asombroso lo que descubríamos de pronto, que al principio nos negamos a creerlo, pero luego, cuando nos encontramos a huevo delante de aquello, por muy galeotes que fuéramos, nos entró un cachondeo de la leche, al verlo, vertical ante nosotros…
Figuraos que estaba de pie, la ciudad aquella, absolutamente vertical. Nueva York es una ciudad de pie. Ya habíamos visto la tira de ciudades, claro está, y bellas, además, y puertos y famosos incluso. Pero en nuestros pagos, verdad, están acostadas, las ciudades, al borde del mar o a la orilla de ríos, se extienden sobre el paisaje, esperan al viajero, mientras que aquélla, la americaca, no se despatarraba, no, se mantenía bien estirada, ahí, nada cachonda, estirada como para asustar.

Encara té la curiositat de conèixer les dones americanes (“un país capaz de producir cuerpos tan audaces en su gracia”) i també de retrobar a Lola. No ho fa amb el millor dels ànims, no. Tampoc ella sembla encantada.

Fue sólo por razones crematísticas, si bien de lo más urgentes e imperiosas, por lo que me puse a buscar a Lola. De no haber sido por esa lastimosa necesidad, ¡menudo si la habría dejado envejecer y desaparecer sin volver a verla nunca, a aquella puta! Al fin y al cabo, conmigo, no me cabía la menor duda, pensándolo bien, se había comportado del modo más descarado y asqueroso.
El egoísmo de las personas que han tenido algo que ver en tu vida, cuando lo piensas, pasados los años, resulta innegable, tal como fue, es decir, de acero, de platino y mucho más duradero aún que el tiempo mismo.

La descripció dels Estats Units i dels americans m’agrada, aquesta por per un món que ja només es mou a càmera lenta en una gent que només coneixen la velocitat.

Empezaba a hacerse muy tarde. Era la hora en que los americanos se sienten desamparados porque la vida sólo vibra ya a cámara lenta a su alrededor. En el garaje, un auto de cada dos. Es el momento de las confidencias a medias. Pero hay que apresurarse a aprovecharlo. Me preparaba interrogándome, pero el tono que eligió para hacerme ciertas preguntas sobre la vida que llevaba yo en Europa me irritó profundamente.
No ocultó que me consideraba capaz de todas las bajezas. Esa hipótesis no me ofendía, sólo me molestaba. Presentía perfectamente que yo había ido a verla para pedirle dinero y ya eso solo creaba entre nosotros una animosidad muy natural.

Stout Scarab

Després de treure-li alguns dòlars no té gaires plans més enllà de trobar a Robinson, la persona a qui va rellevar al fons de la selva i que té la intuició que pot ser allà. Passarà per Detroit, la ciutat del motor on treballarà a la Ford, i es fondrà el sou en prostitutes fins que una pràcticament l’adopta, allò no pot sortir bé, i al final en no gaire temps agafa un vaixell de tornada a França, on intenta exercir la medecina. No en sap de ser un cabró i treballar només si li paguen, i per això s’arruïna, per ser bo, paradoxalment. No té moral de demanar diners a una família a la que acaba d’atendre i només pot certificar la mort d’algun parent, o la inevitabilitat d’aquesta mort. Algunes de les descripcions que fa de la gent, dels pisos, del barri… tot allò fa semblar les trinxeres un passeig, almenys a les trinxeres no t’hi quedes a viure com en aquells pisos i pensions de mala mort. La guerra acaba en algun moment, però guanyar una guerra per acabar vivint així… no és cap gran motivació per lluitar.

Estaba claro, salvar a Bébert era mucho más importante para mí que impedir la muerte de un adulto. Nunca acaba de desagradarte del todo que un adulto se vaya, siempre es un cabrón menos sobre la tierra, te dices, mientras que en el caso de un niño no estás, ni mucho menos, tan seguro. Está el futuro por delante.

S’instal·la a Rancy, o això diu, com que en parla com d’un suburbi de París suposo que deu ser Le Raincy, no l’altre Rancy. Les descripcions de la gent amb la que tracta, gent malalta i pobre, són de les més dures i fins i tot cruels que fa, i això en algú que ha estat a les trinxeres i a les colònies…

Una noche, después de mi segunda visita, Robinson intentó retenerme junto a él por todos los medios, para que me fuera un poco más tarde aún. No acababa de contar todo lo que se le ocurría, recuerdos de las cosas y los viajes que habíamos hecho juntos, incluso de lo que aún no habíamos intentado recordar. Se acordaba de cosas que aún no habíamos tenido tiempo de evocar. En su retiro, el mundo que habíamos recorrido parecía afluir con todas las quejas, las amabilidades, los trajes viejos, los amigos de los que nos habíamos separado, una auténtica leonera de emociones trasnochadas que inauguraba en su cabeza sin ojos.

Robinson torna, serà una presència, una mena de company al llarg de la novel·la, una mica a cotracor. No s’aguanten gaire, cap dels dos és gaire bona persona ni encaixen en la societat ni… res de res. Els va ajuntant una mena de fatalitat, un destí funest a ni tan sols estar una mica tranquil.

Al remover los recuerdos, nos preguntábamos qué quedaría aún de todo aquello… Lo que habíamos conocido juntos… Nos preguntábamos qué habría sido de Molly, nuestra buena Molly… A Lola, en cambio, quería olvidarla, pero, a fin de cuentas, me habría gustado tener noticias de todas, aun así, de la pequeña Musyne también, de paso… Que no debía de vivir demasiado lejos, en París, ahora. Al lado, vamos… Pero habría tenido que emprender auténticas expediciones, de todos modos, para tener noticias de Musyne… Entre tanta gente, cuyos nombres, trajes, costumbres, direcciones había olvidado y cuyas amabilidades y sonrisas incluso, después de tantos años de preocupaciones, de ansias de comida, debían de haberse vuelto como quesos viejos a fuerza de muecas penosas…

El llibre va entrant en una part final on l’acció va baixant però puja el patetisme de tot plegat. No és el llibre més animat, possiblement un dels més lúcids, però animat, el que es diu animat doncs no gaire.

Expo Bodies

Puesto que no somos sino recintos de tripas tibias y a medio pudrir, siempre tendremos dificultades con el sentimiento. Enamorarse no es nada, permanecer juntos es lo difícil. La basura, en cambio, no pretende durar ni crecer. En ese sentido, somos mucho más desgraciados que la mierda, ese empeño de perseverar en nuestro estado constituye la increíble tortura.
Está visto que no adoramos mada más divino que nuestro olor.

La guerra ha acabat, França ha guanyat, però la vida dels pobres segueix sent una lluita per sobreviure en les condicions més dures i aprofitant qualsevol excusa per robar una mica de felicitat, encara que fos de la mercenaria a tant l’hora (o el servei), tampoc era un caràcter el de Bardamu com per festejar de manera tradicional i formar una família, no ho sembla almenys. És més de prostitutes o coristes angleses.

La estancia en el hotel de las pulgas los avergonzaba un poco de momento y los volvía fácilmente irritables, a mis compañeros. El jovencito burgués en el hotel, el estudiante, se siente en penitencia y, como aún no puede, naturalmente, ahorrar, reclama bohemia para aturdirse y más bohemia, desesperación con café y leche.
Hacia primeros de mes pasábamos por una breve y auténtica crisis de erotismo, todo  el hotel vibraba. Nos lavábamos los pies. Organizábamos una expedición amorosa. La llegada de los giros de provincias nos decidía. Yo, por mi parte, habría podido obtener los mismos coitos en el Tarapout con mis inglesas del baile y, además, gratis, pero pensándolo bien, renuncié a esa facilidad por evitar líos y por los amigos, chulos desgraciados y celosos, que andan siempre entre bastidores tras las bailarinas.
Como leíamos muchas revistas obscenas en nuestro hotel, ¡conocíamos la tira de trucos y direcciones para follar en París! Hay que reconocer que las direcciones son divertidas. Te dejas llevar; incluso a mí, que había vivido en el Passage des Bérésinas y había viajado y conocido muchas complicaciones de la vida indecente el capítulo de las confidencias nunca me parecía del todo agotado. Subsiste en uno siempre un poquito de curiosidad de reserva para la cuestión de la jodienda. Te dices que ya no vas a aprender nada nuevo, sobre la jodienda, que ya no debes perder ni un minuto con ella, y después vuelves a empezar, sin embargo, otra vez sólo para cercierarte de verdad de que es algo vacío y aprendes, de todos modos, algo nuevo al respecto y eso te basta para recuperar el optimismo.

La seva descripció del París d’entreguerres, de la nit, del brogit nocturn de la llum i la festa i la vida. Falsa, sí, però enlluernadora.

The Eiffel tower, from rue Lepic

A partir de la Rue Lepic, empiezas a encontrat fente que va a buscar alegría a la parte alta de la ciudad. Se apresuran. Llegados al Sacré-Coeur, se ponen a mirar la noche, abajo, que forma un gran hueco con todas las casas amontonadas en el fondo.
En la placita, en el café que nos pareció, por las apariencias, el menos caro, entramos. Tania me dejaba, por el consuelo y el agradecimiento, besarla donde quisiera. Le gustaba mucho beber también. En las banquetas a nuestro alrededor, dormían ya juerguistas un poco borrachos. El reloj de la pequeña iglesia se puso a dar las horas y después más horas hasta nunca acabar. Acabábamos de llegar al final del mundo, estaba cada vez más claro. No se podía ir más lejos, porque después de aquello ya sólo había los muertos.

De nou Robinson i una serie de desastrosos accidents acaben amb ell (Robinson) a Toulouse, i Bardamu hi va, Robinson quasi cec i Bardamu entenent-se amb la seva promesa, no és que siguin amics de l’anima però tot i així…

Tramways hippomobile, allées Jean-Jaurès

En tornar d’aquestes “vacances” Bardamu acaba a Vigny, contractat pel responsable del manicomi, segurament la millor feina que li veiem fer, tot i que déu n’hi do.

Los jóvenes tienen tanta prisa siempre por ir a hacer el amor, se apresuran tanto a coger todo lo que les dan a creer, para divertirse, que en materia de sensaciones no se lo piensan dos veces. Es un poco como esos viajeros que van a jalar todo lo que les sirvan en la cantina de la estación, entre dos pitidos. Con tal de que se les proporcione también, a los jóvenes, las dos o tres cantinelas que animan las conversaciones para follar, les basta, y ya los tenemos tan contentos. Se alegran con facilidad, los jóvenes; claro, que gozan como si tal cosa, ¡cierto es!
Toda la juventud acaba en la playa gloriosa, al borde del agua, allí donde las mujeres parecen libres por fin, donde están tan bellas, que ni siquiera necesitan ya la mentira de nuestros sueños.[…]
Años después, cuando lo piensas, resulta que te gustaría mucho recuperar las palabras que dijeron ciertas personas y a las propias personas para preguntarles qué querían decir… Pero, ¡se marcharon para siempre!… No tenías bastante instrucción para comprenderlas… Te gustaría saber si no cambiarían tal vez de opinión más adelante… Pero es demasiado tarde… ¡Se acabó!… Nadie sabe ya nada de ellas. Conque tienes que continuar tu camino solo, en la noche. Has perdido a tus compañeros de verdad. No les hiciste la pregunta adecuada, la auténtica, cuando aún estabas a tiempo. Cuando estabas junto a ellos, no sabías. Hombre perdido. Siempre estás atrasado. Se trata de lamentos inútiles.

Voyage au bout de la nuit, 14th Arrondissement, Paris, 23 April 2014

El llibre potser s’allarga massa en la part final. Hi ha un desequilibri perquè hem passat de la Gran Guerra, les colònies, Amèrica… a un arrossegament per França que no sembla pas la casa del protagonista, el tracta com a un element nociu, com un virus que cal eliminar. I tampoc és un llibre animat, i les descripcions que hi ha de cases o cossos o persones o ambients o… si sou molt sensibles us pot fer mania i tot, és brut, és realisme brut quan era una etiqueta que encara no existia, i de fet alguns dels fragments que he posat ho deixen prou clar. Dit això, és un gran llibre, és un llibre collonut, és considerat merescudament un dels grans llibres del segle XX. Un grandíssim llibre que he començat a rellegir a l’agost i m’ha arribat fins al desembre, però de tant en tant és bo llegir així els llibres, sense presses. Céline és un autor irregular, i a mi apart d’aquest només em convenç Muerte a crédito, però amb aquest llibre no us equivocareu, potser no és per tothom però això és el que sempre dic dels bons llibres.

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