Verraco / Pinckney Benedict

Un llibre de Can Dirty sempre és una garantia, fins i tot amb un autor del que no n’he sentit a parlar (perquè això han de fer les bones editorials, descobrir autors) o sigui que em poso amb aquest Verraco de Pinckney Benedict amb moltes ganes.

Buf, déu n’hi do. Un estil que em recorda els autors de la casa, Larry Brown i sobretot Chris Offutt (que se’ls ha escapat als nois de Dirty i el podeu trobar a Sajalín i a Malas Tierras), amb una tirada cap a la white trash una mica de l’estil de Daniel Woodrel però sense tanta meta, almenys no en els primers relats.

El primer relat és completament fundacional, tenim els elements, la pobresa, les diferències socials amb l’altra gent i un pare amb afició a disparar a les serps, La fresquera Sutton. Estem al món rural, granjes pobres, gent pobre, feina dura, treball esgotador, gent dura i una certa tirada cap a les armes. Bastant el que és normal en els llibres de grit-lit.

—Muchacho  —me dijo mi padre—, ¿vas a querer un cinturón de piel de serpiente como el que te decía antes? ¿Cómo el que me hizo mi padre?

Señaló la puerta del porche, hacia donde yacía la serpiente decapitada. Un moscón enorme, como de vidrio azul, se arrastraba sobre el cadáver.

—Sí, señor —dije, feliz de no tener que ver cómo se le subían los colores a la señora Hanson.

—Pues vente conmigo a la parte de atrás que te voy a enseñar a desollarla y a estirar la piel. ¿Algo que objetar?

Ni mi madre ni la señora Hanson respondieron. Mi padre me empujó para que liderara la marcha y enfilé hacía la puerta.

Al salir detrás de mí, se giró y habló a través de la malla.

—Y le diré algo, señora Hanson —dijo—. No debería ir por ahí pretendiendo comprar lo que no está en venta.

Image from page 16 of "Amphibian & reptile conservation : the international journal devoted to the worldwide preservation and management of amphibian and reptilian diversity" (1996)

I després del tast tenim el conte que dóna títol al llibre, Verraco, on un impressionant porc d’unes mides i un caràcter inaudit és el protagonista.

El cerdo de raza Duroc emergió de la maleza no muy lejos de donde nos encontrábamos, salió del socavón, grande y blanco y con las costillas marcadas, respirando fuerte. Del hocico achatado le colgaban unas cuantas ramas. Se detuvo al borde del sembradío, parpadeando frente al cielo radiante y despejado, agitando los flancos como un fuelle. Reanudó su marcha por entre los tréboles crecidos, gruñendo a cada paso.

No espereu una literatura on es vegi una comunió entre homes i natura, no. Van junts, es poden beneficiar els uns dels altres, però és un equilibri molt fràgil que si es trenca els converteix en enemics, és el que passa quan aquesta bèstia parda, de nom Booze, s’escapa i es va cruspint els animals de les granges, i si se li posa per davant una persona potser també l’afegeix al menú, sabeu allò de que els porcs mengen de tot? Doncs sí.

Durante mucho tiempo, después de aquel día, fue como si Booze estuviera siempre presente, nunca lo bastante lejos como para olvidarlo. Después de vaciar el Remmy y perder a su mejor perro, mi padre se dio por vencido. No parecía querer volver a intentarlo. Por las noches solía quedarme dormido pensando en el cuarto de tonelada de cerdo asesino que vivía en una hondonada probablemente no muy lejana.

Image from page 728 of "Types and breeds of farm animals" (1920)

Cuando llegó la primavera, Booze demostró lo dañino que podía llegar a ser. Un ternero, dos, luego tres…, media docena en total durante aquel primer año. Calvin adoptó la costumbre de pasarse las noches en vela, con el 30-30 acunado en sus brazos, esforzándose por ver al cerdo, por oírlo. Kenny y yo nos sentamos con él en más de una ocasión, bebíamos café y esperábamos a que la blanca silueta de Booze apareciera ante nuestros ojos. Nunca sucedió.

Estem parlant d’un animal que pesa un quart de tona, poca broma amb trobar-se una cosa així cabrejada o amb gana.

Después de aquella noche, la noche en que mi padre disparó a Booze, no volvimos a saber mucho de él. Lo mismo había muerto, sabe Dios. Desde entonces, la gente estuvo más pendiente de sus niños al pasar por la zona. Ese verano Kenny y yo no nos fuimos de acampada, como todos los años. Nunca llegué a sentirme del todo seguro ahí fuera, en los campos, sin mi rifle de caza. De algún modo, la finca parecía haber cambiado, ahora era un lugar donde había vivido un monstruo. Por supuesto, no podía irle con esas vainas a nadie.

Una mare desperta al seu fill gran, el seu padrastre (amb l’irònic nom de Makepeace, “pacificador?”) ha marxat de casa, l’ha d’anar a buscar, no en té gens de ganes, cap ni una, però si la seva mare (amb un criteri pels homes una mica qüestionable) li demana no li pot dir que no, així comença Todos los muertos, i la cosa no anirà a millor perquè ni les persones ni l’entorn són gaire, diguem-ne, amables:

Me sorprende ver luz en las ventanas a estas horas. La luz es azul y parpadea. La pantalla de un televisor. Doolittle vive en una vieja caravana de tamaño doble y me imagino que tuvo que ser una puta odisea subirla por la ladera. Sé que Doolittle tiene un generador porque el tendido eléctrico no llega hasta aquí ni de coña. Escucho y distingo el sonido del motor diésel de dos cilindros repiqueteando en la parte de atrás.
A un lado de la caravana hay un montón de pieles de serpiente que parecen de cascabel diamantina y algunas miden más de un metro. Están marchitas y encogidas como la piel de los dedos de una anciana.
Una silueta pasa por delante de una ventana así que sé que hay gente dentro. ¿Hay alguien en casa? exclamo y mi voz suena extremadamente fuerte en el valle. No quiero volver a gritar así que me acerco a la caravana. Miro a mi alrededor pero no veo la camioneta de Makepeace. Solo hay un viejo Pontiac Catalina al que alguien ha elevado la parte trasera y le ha instalado unos neumáticos muy anchos y llantas de aleación Cragar. Y una pequeña moto de cross Suzuki de no más de cien centímetros cúbicod cubierta de barro rojo y seco apoyada contra el catalina. Me da que los alambiques de Doolittle están muy arriba en la montaña y que tal vez necesite la moto para llegar hasta ellos. Se me pasa por la cabeza la idea de darme el piro pero tengo que averiguar qué ha pasado con Makepeace.

Una relació completament disfuncional i tòxica i abusadora, un complet desastre, va tenir un inici prometedor, romàntic i tot a Hackberry. La tendència del protagonista a ficar-se en baralles i tenir fixació per les ballarines-strippers potser ja ens dóna alguna pista de perquè les coses no acaben de sortir bé.

La noche siguiente volvío a la Sala Esmeralda solo para verla y no se presentó ningún equipo de sóftbol a montar bulla y causar problemas. Se despidió de sus compañeros del ejército sin decirles a dónde iba. Cuando ella terminó de bailar se acercó a su mesa, se sentó a su lado y estuvieron bromeando hasta que Ernie la mandó a la parte de atrás para ocuparse de la parrilla.

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La noche siguiente también fue a verla y a la siguiente tuvo que regresar a Gilchrist, de vuelta al trabajo. Ella se presentó en la estación de autobuses para despedirse, para él fue una grata sorpresa y también un poco triste. No se lo esperaba en absoluto. Ella llevaba una falda cruzada amarilla y una blusa blanca y él le dijo que era preciosa. Cuando el autobús arrancó, ella iba sentada en el asiento de al lado, enganchada a su brazo, hablando y riendo, eufórica por dejar atrás el Valle del Ohio.

I més coses, un gos sarnós que s’amaga (previsiblement per morir) sota una caravana, o… una baralla de gossos (sí, de les d’apostar) que es complica a Foso, una acció trepidant barreja de road-movie i novel·la negra, tot i que el protagonista ja veiem que no fugirà gaire lluny.

Brunty pensó que Paxco iba a por una pistola, así que rebuscó en su chaqueta y sacó el cuchillo de filetear de hoja fina, se lo hundió en el pecho a Paxco. Paxco se derrumbó contra la barrera de madera contrachapada que rodeaba el foso de los perros, tosiendo sangre.
Los perros del foso, el pequeño spitz y el enorme mestizo negro, siguieron peleando como si nada, el lento mestizo se estaba llevando la peor parte. El spitz era endiabladamente rápido y mucho mejor combatiente de lo que su tamaño hacía suponer. Era descendiente de King Generator, del condado de Pocahontas, y King Generator era un perro nacido para luchar.
Los dos flipados de las motos y el apostador de fuera del pueblo se limitaron a observar lo que estaba sucediendo. El forastero había previsto algo de emoción, pero para nada algo así. Para nada que el dueño del foso acabaría siendo acuchillado durante una pelea. Se arrimó a la pared del granero mientras Paxco moría.

Syöksy

I un detall que m’ha fet gràcia del darrer conte del recull Cigarrillos, una manera creativa de fer servir una Biblia per una cosa realment útil.

La Biblia está vieja y medio descuadernada y le faltan varias páginas. Papá la usó durante años. El papel es fino y perfecto para liarte tus propios cigarrillos; si eres mañoso puedes sacar dos por página. Como ya dije, no era un fumador empedernido y ni siquiera había llegado al Nuevo Testamento, iba por Jeremías.

El llibre és llegeix molt i molt bé, són nou contes d’una quinzena de pàgines, algun d’unes poques més, una demostració que Pinckney Benedict és un autor de qui valdrà la pena llegir més coses, almenys si hem de jutjar per aquest Verraco, un autor 100% Dirty, digne company de catàleg de Larry Brown o Harry Crews, tota una troballa.

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