Todos los jóvenes tristes / F. Scott Fitzgerald

Primer llibre que apareix en aquest bloc d’un dels principals autors americans, un dels membres de la generació perduda, F. Scott Fitzgerald. Un llibre de contes, en un estil sobri i que fa referència a un Nova York (i uns Estats Units en general) que costa força d’imaginar des de la distància de pràcticament un segle que ens en separa.

A El joven rico fa un retrat de la societat més benestant americana, plena de rics que es retraten com si ho mereixessin, o com si simplement no contemplessin que el món podia no ser al seu gust.

Ya tenía veintisiete años y había ganado peso, aunque sin llegar a adquirir un aspecto rechoncho, y sus ademanes eran los propios de alguien mayor que él. Tanto los jóvenes como los veteranos lo apreciaban y confiaban en él, y las madres se sentían tranquilas cuando le encomendaban a sus hijas debido a su habilidad, en los ambientes sociales, para ponerse a la altura de las personas de más edad y más conservadoras. Era como si dijera “ustedes y yo somos personas sólidas, conocemos el mundo”.

Tenía un conocimiento instintivo y bastante indulgente de las debilidades de hombres y mujeres e, igual que un sacerdote, aquella hacía que le preocupara mucho el cuidado de las apariencias. Solía pronunciar charlas matutinas todas las semanas en la escuela dominical de una conocida iglesia episcopal, aunque lo único que le separara de la noche previa de desenfreno fueran una ducha fría y un cambio de chaqueta.

Tot i aquest protagonista, amb aquesta empenta, el conte aconsegueix ser trist. El protagonista no aconsegueix el que vol, potser perquè quan ho té a l’abast no ho valora i només ho fa quan ja és tard.

Pocas semanas antes de cumplir treinta años se casó el último de sus más viejos e íntimos amigos. Anson desempeñó su habitual papel de padrino, les regaló el habitual juego de té de plata y fue a despedir a los novios, que partieron en el habitual crucero. Era una calurosa tarde de viernes de mayo, y mientras se alejaba del puerto recordó que a pesar de ser víspera de sábado no tenía nada que hacer hasta la mañana del lunes.

No Known Restrictions: Broad Street, Looking South from Wall Street by Underhill (LOC) © pingnews.com, Domini públic.

A Sueños invernales tenim un protagonista no tan privilegiat, una mica més fet a sí mateix: des del lloc de caddie en un club de camp fins a ben amunt, i amb una història malaltissa amb una dona que seria millor no qualificar-la. No hi ha manera educada de fer-ho, així que deixo que ho faci l’autor.

La causante de aquello era una chiquilla de once años deliciosamente fea, como suelen serlo todas las chiquillas destinadas a ser, pocos años después, indeciblemente encantadoras y a provocar un sinnúmero de calamidades a una inmensidad de hombres. Aquella chispa ya se atisbaba, por ejemplo en la forma perversa en que las comisuras de sus labios se abarquillaban cuando sonreía, y —¡Dios nos ampare!— en el brillo casi apasionado de sus ojos. La lozanía se manifiesta precozmente en este tipo de mujeres, y en su caso resplandecía ostensiblemente a través de su cuerpo delgado tal como una aureola.

Una relació, més o menys, al llarg dels anys i malaltissa com només pot ser-ho quan una de les dues persones és egocèntrica fins a extrems delirants. Desgraciadament no és un personatge gaire difícil de trobar.

Constance Talmadge by Lumiere, 1921 © trialsanderrors, Creative Commons.

Así empezó y así continuó su relación: con diversos grados de intensidad pero manteniendo el mismo tono hasta su desenlace . Dexter rindió una parte de sí mismo a la persona más absorbente y carente de principios que jamás había conocido. Armada con el poder de su encanto, Judy conseguía cualquier cosa que deseara. No se valía de estratagemas ni artimañas para alcanzar ciertas posiciones o producir efectos premeditados —en sus asuntos amorosos el aspecto mental contaba bien poco—. Tan solo lograba que los hombres fueran plenamente conscientes de su encanto físico. Dexter no deseaba que cambiara, pues sus defectos estaban entretejidos de una energía apasionada que los trascendía y los justificaba.

[…] Como descubrió antes del fin del verano, aquel hombre era uno de los muchos y variados que revoloteaban alrededor de Judy. Todos habían sido alguna vez el favorito, y la mitad aún hallaba consuelo en algún reavivamiento sentimental ocasional. Si alguno mostraba indicios de retirada tras un largo periodo de indiferencia, Judy le dedicaba una hora escasa de ternura que lo animaba a continuar aborregado un año más. Realizaba estos escarceos contra los indefensos y derrotados sin malicia, y ciertamente sin apenas tener conciencia de la perversidad de sus actos.

Els contes van guanyant en misteri, o en girs una mica estranys, sempre dins del costumisme americà d’una classe que vol arribar a ser mitjana, o que ja ho és i té pànic a deixar de ser-ho. Alguns d’aquests, però, són personatges amb qui és complicat sentir empatia, sobretot elles. Els retrats femenins de Fitzgerald són força cruels, com aquesta línia de diàleg d’El componedor, on la protagonista explica el drama que suposa que el seu marit no vulgui sortir contínuament a festes i espectacles.

—Lo siento muchísimo por él; no sé qué hacer, Ede, pero si nos quedamos en casa me sentiré desdichada. Y para serte sincera, prefiero su infelicidad a la mía.

Amor i desamor, gent que es troba i que se separa, gent que pensa en ser feliç i d’altres que pensen en pagar factures, un punt de trobada complicat, i amors que deixen brases per a tota la vida. Lo más sensato:

Todo el tiempo del mundo, su vida y la de ella. Sin embargo, durante un instante mientras la besaba comprendió que, aunque buscara toda la eternidad, nunca encontraría aquellas horas perdidas de abril. Podía abrazarla hasta que le dolieran los músculos. Jonquil era un ser deseable y precioso por el que había luchado, que le había pertenecido. Empero, pero nunca volvería a ser un susurro intangible en la oscuridad, en la brisa nocturna…

April Sunset © SMcD22, Creative Commons.

Aquest era un llibre que vaig agafar amb la idea de llegir de pressa, però no he pogut. Els contes es mereixen una degustació, una digestió llarga, són com petites novel·les, com peces de rellotgeria que funcionen perfectament i que, sobretot, tenen ànima! Uns contes molt recomanables que permeten un F. Scott Fitzgerald més enllà del seu gran èxit amb El gran Gatsby.

 

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