Tierra vencida / Ann Pancake

Un llibre més de la factoria Dirty. Si em seguiu una mica sabeu que aquests llibres s’han de llegir sí o sí, i si no em seguiu i no ho sabíeu ara ja ho sabeu. L’editorial és prou garantia encara que no conegui l’autora de res, Ann Pancake (la segona autora d’aquesta editorial després de Bonnie Jo Campbell).

És un llibre de contes, 12 en total, ambientats a la Virgínia rural, un lloc dur i aspre. Això és del conte Renacimiento:

Todas las navidades, Lindy se sitúa frente a la cinta transportadora bajo los monitores electrónicos, junto a los demás pasajeros, bien vestidos y perfumados. A sus espaldas, en silencio y fuera de su ángulo de visión, el hedor a chaquetón de caza, a hombre poco aseado y a humo de leña que ha traído su padre desde la casa. Ella sabe que su padre tratará de incorporarse con su Chevrolet Citation roído por el óxido a la autovía del aeropuerto y que al final le obligarán a meterse en el arcén antes de que pueda adueñarse de su pequeña porción de carretera. Se quedarán sentados frente a frente en una mesa de plástico bajo luces fluorescentes en Leesburg, mientras él corta con su navaja un Big Mac en dos mitades, enjuaga la hoja afilada en un vaso de agua y la seca con su pañuelo.

1980’s Chevrolet Citation © Don O’Brien, Creative Commons.

I això de Jolo, un resum bastant clar del que representa viure allà, i sobretot quedar-s’hi.

A partir de entonces se sintió irradiada.

Porque eso es lo que significa crecer entre largas cordilleras llenas de túneles, no ser nunca de los que parece que van a lograr escapar, no entrar nunca en ese puñado de escogidos que, quizá, pueda llegar a ser algo en la vida, nada tuyo llama la atención ni es digno de ser recordado. Ni siquiera mereces el favoritismo que se concede a los más pobres. Una vez acabado el instituto, te enfrentas a la perspectiva de quedarte preñada o casarte, lo que venga antes, una luna de miel en las Cuevas de Smoke Hole y la esperanza de que tus hijos no te hieran demasiado. Pero, al mismo tiempo, ser vulnerable, criada para la obediencia y la fe, sin cuestionar nada. Hasta que, de repente, reúnes todas las piezas y sabes que has sido elegida por ese cuerpo que atraviesa las llamas. Y te sientes importante por primera vez en toda tu vida.

20190503 01 Smoke Hole Caverns Resort © David Wilson, Creative Commons.

Ja he explicat que aquella zona és una zona rural, apartada, dura i pobra, aquestes zones són sempre les que pitjor ho passen quan hi ha una guerra. De fet Virgínia va ser l’estat que en percentatge va aportar més víctimes mortals a la guerra del Vietnam, alguns dels seus muntanyers eren els qui en aquell conflicte es ficaven als túnels del Viet-cong. Per alguns veïns la guerra no era una experiència tan dramàtica com pugui semblar, si és que tornaven. Això és de Tierra:

Fueron Kenny y Billy y Roscoe McCraken los que huyeron de esta quebrada, cambiaron la Guerra contra la Pobreza por la Guerra contra el Comunismo, pero Billy fue el único que volvió de una pieza. Pusieron lo que quedó de Roscoe en el cementerio familiar, donde dos primaveras más tarde su ataúd fue arrastrado por la típica inundación, enterrado como estaba en una zona tan baja, pero de Kenny no volvió ni un pedacito. Yo visitaba a Billy Blankenship, que se pasaba los días postrado en su casa modular con la calefacción puesta a todo meter, royendo palomitas de maíz de la tienda. “Te trataban como a un rey por cinco dólares al día”, me decía Billy con la rodilla mala apoyada en una bobina de cable y las alubias de su almuerzo cociéndose al fuego, con aquella peste a tocino y tierra en toda la estancia. “¿Cosas que podías ver en Patphong?, oh, ni te imaginas, chicas que recogían monedas de las bocas de las botellas de Pepsi con su tú-ya-sabes. Y luego las peceras”. Llegados a este punto, siempre hacía una pausa para que yo le preguntara qué era eso de las peceras, porque yo solo tenía doce años en aquel entonces. “Entrabas y tenías a todas esas chicas sentadas al otro lado de un falso espejo con números prendidos en sus camisas —estaban viendo la tele y no podían verte desde el otro lado, recuerda—, y entonces tú elegías la que querías por el número. Tal cual. Peceras. El mejor año de mi vida, y no fui el único”.

https://www.flickr.com/photos/usmcarchives/
Lance Corporal William Cox Emerges from a Viet Cong Tunnel, 1969 © USMC Archives, Creative Commons.

Aquesta connexió amb la terra, amb el terreny, tel·lúrica, és present en tots els contes. Tampoc és que visquin en pau amb l’entorn, de vegades sembla que hi lluitin en contra, però sempre són conscients que hi és, una realitat que no pots obviar quan hi vius i les cases amb prou feines et poden separar, una mica com a A por leña:

Me subo a la plataforma, de espaldas a mi padre, con las manos en las orejas para no oír la sierra, y sé que esto es lo que hacen todos los sábados. Todos los sábados. Mi padre trabaja de lunes a viernes y mi hermano va al colegio, después llega el sábado y se dedican a esto, la mañana del domingo es para la iglesia; y el lunes de vuelta al tajo y al colegio. Eso es lo que hacen aquí, en casa. Y lo que yo no sé es por qué demonios sigo regresando una y otra vez con la sensación de que me he dejado algo olvidado. Para luego volverme a marchar sin saber qué es ese algo.

La pulsió de sortir, de fugir, però amb el desig secret de tornar-hi, perquè en certa manera pertanyen a aquell territori, per sempre, per molt lluny que vagin…

Si els llibres de la factoria Dirty us agraden amb aquest encertareu segur, té tots els elements que fan de la grit-lit una literatura punyent i sincera, una gent que escriu amb les vísceres sobre la seva realitat, perquè qualsevol altra cosa seria falsa i pretenciosa. Hi ha una realitat, potser no és molt agradable però s’imposa i no deixa alternatives, i és el que cal explicar.

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