Permiso para sentir. Antimemorias II / Alfredo Bryce Echenique

És un dels meus autors preferits, des que el vaig descobrir fa la tira d’anys amb el divertidíssim La última mudanza de Felipe Carrillo que vaig llegint els llibres d’Alfredo Bryce Echenique de manera molt fidel. Encara me’n queden alguns (i n’he de rellegir molts i espero parlar-ne aquí) però ara he decidit passar-me a la seva part més memorialista. Vaig començar amb el primer volum de les seves antimemòries, el Permiso para vivir, i ara toca el segon: Permiso para sentir.

Si esteu buscant una recomanació sobre amb quin llibre d’aquest autor podeu començar, la meva opinió és aquesta. Aprofito, abans de posar-me en matèria, per comentar que existeix una pel·lícula basada en la seva novel·la debut Un mundo para Julius i que estaria bé que la fessin als cinemes d’aquí.

Aquestes memòries que no ho volen ser, desordenades i “sin querer queriendo” sempre acaben una mica tornant a alguns llocs cabdals, que en el seu cas sempre és París.

Total que llegué a París hablando un francés clásico y profundamente asubjuntivado, que jamás nadie entendió y que me hizo enviar a Tarascon al primer tipo que me dijo Salut, mon pot, ça va? y me hizo tomar el metro en la dirección contraria. Y llegué, sobre todo, porque no hay mal que por bien no venga, para descubrir la literatura latinoamericana contemporánea. Y más, aparte de Heinrich Böll.

Humor i referències molt curioses o estranyes.

Suelo encontrar las cosas por coincidencia feliz, norte y mi propia casa incluidos, y me encanta esa canción de Sammy Davies, más geográfica que antifeminista, creo yo, en que le dice a una chica que, para él, ella es el norte, el sur, el este y oeste. Sammy Davis sí que era un tipo con total sentido de la desorientación y por ello, sin duda alguna, todo se lo tomaba tan a pecho, como la vez aquella en que, en un club de golf, le preguntaron cuál era su hándicap y contestó furioso que si no tenía ya suficiente con ser negro, enano, tuerto y judío.

deep dark days

A París va conèixer els escriptors del boom llatinoamericà, perquè pràcticament tots estaven allà —també van passar molt per Barcelona, però això va ser després, per publicar—, entre ells Cortázar.

Cortázar fue la gran influencia de mi vida literaria, aunque los logros hayan sido totalmente distintos. Me reveló lo que yo llevaba dentro, me enseñó a liberarme de todo estreñimiento literario y a usar la intuición y a ver el lado cómicamente grave de la realidad. Me hizo ver claramente que ese exceso de gravedad de los maestros del boom, bajo cuyo resplandor vivía yo, podía ser también una carencia para mí.

D’aquesta manera desordenada Alfredo ens va portant de la mà pels seus records, sin querer queriendo. Si els seus llibres us agraden, això us agradarà, sens dubte. Ell i els seus dubtes, i el seu dubte principal que va ser sempre ell mateix i si serviria per a escriptor, si no seria un farsant…

Por la obligatoria posición de los muebles en la pequeña y luminosa habitación, tenía que escribir contemplándome en un espejo. Sublime. Escribí el primer párrafo de mi vida y me gustó lo que contaba, casi también cómo lo contaba, y lloré de emoción. Lo bien que me sentí mientras lo escribía me hizo escribir otro párrafo y otro más y siempre recordaré que gritaba, casi, mientras iba escribiendo: “Quién te dijo a ti que eras un farsante. Tú, ¿un farsante? Jamás de los jamases.”

Les dones i el record que en té, tres matrimonis en total i alguns enamoraments més entre els matrimonis o alhora o… una vida sentimental una mica caòtica en un personatge a qui els sentiments sempre li passaven per damunt sense que hi pogués posar una mica de racionalitat.

En todas mis calles habrías caminado y seguirías caminando, me aseguraba la sabiduría del borgoña y la música de fondo de toda una vida parisina y La Colombe. Y en todas mis casas habrías vivido. En cambio, la femme tournedos, la que te aplastó, la que te hizo picadillo, la que te devoró en mi corazón, la que te envió por un sendero que jamás intenté recorrer en tu defensa, canalla de mí, ésa sí que me abandonó, y detestables fueron sus padres conmigo.

Don Alfredo, ou la femme dans la chambre rouge © Heman Braun-Vega

Definitivamente, soy al revés. Mis novelas, por ejemplo, se han tropezado siempre con los hechos reales como si éstos fueran un obstáculo para la vida misma de sus personajes y de su autor, y el menor asomo de un dato objetivo puede dejarme totalmente paralizado y sin ganas de escribir, cuando tengo mi ficción ya bastante elaborada.

Aquest és un dels escriptors que més barregen autobiografia (més o menys dissimulada) i novel·la, i costa molt diferenciar una cosa de l’altra, per això els seus llibres de vegades semblen memòries i aquestes memòries podrien passar per novel·les. Això és Alfredo Bryce Echenique, tampoc el canviarem pas ara, i tampoc fa cap falta canviar res.

Por todo lo cual, yo, en todo caso, sería un pesimista que nunca se mete. Y punto. Uno que, digamos, no se inmuscuye negativamente en nada y sólo busca a sus amigos en el agitado trayecto que lo lleva de un lugar a otro de este valle de lágrimas. Y con tan poco que pido, soy ya, eso sí, una persona profundamente agradecida. Sólo pido un poquito más de lo mismo, que toda mi vida ha sido además lo mismo. Más amistad, dada y recibida, más amor, dado y recibido.

El Perú és un dels temes, com no podia ser d’una altra manera en un autor peruà. Tot i que va marxar-ne feia molts anys encara hi tenia contacte, hi anava tornant i, de fet, a finals de segle va tornar-hi “per sempre”. Però no va anar bé. Era el Perú de Fujimori amb qui estava enemistat, fet que li va valdre un segrest-pallissa per agents del govern, i va decidir tornar a establir-se a Europa —crec que a Barcelona— i anar fent viatges i passant pel seu país de tant en tant, però sense establir-s’hi.

Centenares de miles de peruanos habían abandonado el Perú en los últimos años. Ya pasaban, largo, de un millón los peruanos que se habían ido para no volver. De toda extracción y de toda bandera.[…] Miami era la nueva Ciudad Luz de la burguesía peruana. Y así, medio Perú respiraba sólo cuando sacaba el pescuezo al extranjero. Y la otra mitad se ahogaba. Medio Perú se largaba con el cuerpo y el alma, y la otra mitad sólo podia largarse con la mente. Y al loco de Alfredo se le ocurre regresar.

El Perú havia canviat, molt, i ara que hi viuria “per sempre” ho podria veure i això també oferirà moments molt còmics, com el que li va passar amb la doméstica Sidi.

Pero, volviendo a la araña de mi dormitorio y a mi tremenda fobia, nunca olvidaré que Sidi se me adelantó y que con fingido interés y eficacia liquidó a la araña mucho antes de lo que yo hubiera pensado. Después, me llamó y me dijo que fuera a ver lo limpio que había quedado todo y a comprobar también que de la araña no quedaba ni huella. Estaba totalmente desnuda, tumbada en la cama, y llorando porque su papá trabajaba de cocinero en Buenos Aires y mamá languidecía en Trujillo. Le dije que era la perfecta Lolita, pero que yo no era el perfecto Nabokov, ni nada por el estilo. Y cuando ella me preguntó cómo se comía todo eso que yo le estaba contando, porque no entendía ni papa, sólo atiné a arrojarle la ropa que había desparramado sobre la moqueta del dormitorio y a decirle que fuera y le preguntara por Lolita a Mario Vargas Llosa. “Pues es lo que voy a hacer”, me soltó Sidi, furiosa. “Él seguro que es más bueno que usted y me lo cuenta.”

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Pocos días más tarde, Anita puso a Sidi de patitas en un autobús rumbo a Trujillo, después de haber hablado por teléfono con su mamá.

O també:

Un par de días después, estacioné mi automóvil en el mismo supermercado Santa Isabel en que, recién llegado a Lima, se había anunciado por los más estridentes altoparlantes y con bombos y platillos mi ingreso al local, presentándome, eso sí, como el famoso escritor peruano Alfredo García Vargas, autor de la internacionalmente famosa novela Julius y los perros de Macondo, o algo así.

Aquest llibre, igual que el primer volum, és molt recomanable pels fans de Bryce Echenique més que no pas per aquells que hi volen entrar per primer cop. Hi trobarem records, no sempre ordenats d’una manera cronològica, però sempre amb el seu inimitable estil aquell capaç de posar humor i tendresa i vida a qualsevol cosa que narra. He acabat aquest llibre amb ganes de posar-me ja amb el tercer volum de memòries, i agafar els llibres d’ell que encara no he llegit (un dia intentaré fer una ordenació dels llibres que permetin seguir la vida de l’autor) i rellegir-lo, rellegir-lo molt. De fet, penso fer això com a primera cosa. Ben aviat em posaré amb la relectura de La última mudanza de Felipe Carrillo.

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