País nómada: Supervivientes del siglo XXI / Jessica Bruder

Després de veure la molt recomanable pel·lícula Nomadland vaig voler buscar el llibre. Una mica massoquista, ganes de patir, però de vegades cal patir per entendre millor el món on vivim i em sembla que aquest és un d’aquests casos.  País nómada de Jessica Bruder pot ser un llibre poc agradable però necessari. L’editorial és Capitán Swing, de qui ja he llegit White Trash i que tenen un catàleg d’allò més interessant que tot just començo a descobrir ara. Un bon llibre parla bé d’una editorial i predisposa positivament cap al següent.

Tothom sap què és un nòmada, però sona a cosa antiga. I si pensem en nòmades als Estats Units sempre apareixen els indis americans (nòmades en molts casos a la força) i els grangers d’Oklahoma i Arkansas, forçats a deixar les seves cases després de que el Dust Bowl els deixés sense res més que unes terres ermes que ja no podrien produir ni el més bàsic per subsistir. Però allò era abans, quasi fa un segle, com pot trobar-se Estats Units de nou amb un panorama d’aquestes característiques?

Conocí a Linda mientras recopilaba información para un artículo sobre una subcultura en expansión en Estados Unidos formada por ciudadanos nómadas de ambos sexos que viven de manera permanente sobre ruedas. Como Linda, muchos de esos espíritus errantes intentaban escapar de las garras de una paradoja económica: la colisión entre unos alquileres en alza y unos salarios estancados, el choque de una fuerza irrefrenable contra un objeto inmóvil. Se sentían acorralados, sin salida, al ver que apenas ganaban lo suficiente para cubrir el coste del alquiler o los plazos de una hipoteca después de trabajar jornadas agotadoras en empleos sin aliciente que consumían todo el tiempo, sin ninguna perspectiva de mejora a largo plazo ni la esperanza de poder llegar a jubilarse algún día.

ROAD. © alkil. Creative Commons.

És l’economia, i la precarietat, i la part més salvatge, més “espavila’t!” del somni americà. Un clàssic. I les protagonistes del llibre (almenys al principi són totes dones), ho afronten d’una manera que a mi em sorprèn per optimista.

“Una mujer de la generación del babyboom, sin edad para jubilarse aún, abandona la casita de minero de ladrillo donde vivía, sus tres empleos a tiempo parcial y el apego a cualquier ilusión de seguridad que todavía puedan ser capaces de ofrecer a su espíritu torturado los restos andrajosos del “sueño americano” con el propósito de lanzarse a la carretera para llevar la vida nómada y aventurera como echadora de cartas-astróloga chamánica-agente del cambio cósmico para la que siempre estuvo predestinada”.

Un optimisme de les “víctimes” que contrasta amb la realitat, és a dir, tenen motius per estar molt cabrejades, de sobra, aquest optimisme és un engany deliberat o potser és un recurs per evitar ensorrar-se?

[…] ¿cómo se explica que una mujer de sesenta y cuatro años que ha trabajado duro acabe sin casa u otro lugar de residencia permanente y tenga que recurrir a empleos precarios con salarios bajos para sobrevivir?, ¿obligada a vivir en un bosque alpino a casi 1.500 metros de altitud, en compañía de nevadas intermitentes y tal vez algún puma, en una minúscula caravana, limpiando retretes a merced de una empresa que puede reducir su jornada laboral o incluso despedirla a discreción? ¿Cuáles eran las perspectivas de futuro para una persona como ella?

Una situació fumuda a la que hem de sumar el tema de l’edat.

Entonces empezó a preguntarse, no por primera vez, cómo podía una persona permitirse llegar a vieja. Ninguno de los múltiples empleos que había tenido a lo largo de su vida le había aportado ni siquiera un mínimo de estabilidad económica a largo plazo.

No sé com prendre’m el xoc entre com crec jo que s’haurien de sentir les protagonistes del llibre i com sembla que se senten realment. Em xoca que no hi hagi una crítica molt més dura al sistema, al cap i a la fi són víctimes tot i que no se’n consideren. Per una banda és d’admirar el seu esperit de lluita, però amaga una certa acceptació de la realitat que no m’acaba d’agradar. A mi. Que ho llegeixo des de fora.

Approaching Empire, Nevada © Ken Lund. Creative Commons.

Se’ns explica el cas d’Empire, una població adossada a unes mines que produïen plaques de guix per la construcció. Quan l’empresa va tancar els treballadors -habitants- van haver de marxar perquè les cases no eren pas de propietat. Una cosa semblant a les nostres colònies industrials, però més salvatge perquè el capitalisme dels americans sempre és molt salvatge.

Tras la partida de los habitantes, el acceso a la localidad quedó cerrado con cadenas y candados, cámaras de seguridad y señales de “Prohibido el paso”. Las casitas con jardín quedaron abandonadas junto con la piscina pública, dos iglesias, una estafeta de correos y un campo de golf de nueve hoyos. Incluso el código postal local (89405) quedó anulado. […] Pero Empire todavía sobrevive siniestramente en un sitio. En 2017, aún era posible entrar en Street View, de Google Maps, y situar un minúsculo avatar en la carretera de circunvalación para luego recorrerla y contemplar los coches aparcados y las tumbonas en los jardines, y a la gente regando el césped, todo ello congelado en unas imágenes fotográficas que no se han actualizado desde 2009.

El fenòmen d’aquest nomadisme és creixent però també molt difícil de quantificar.

No existen datos exactos sobre el número de personas que llevan una vida nómada en Estados Unidos. La gente que se desplaza contínuamente constituye una pesadilla para los demógrafos. Estas personas figuran en las estadísticas confundidas con el resto de la población, dado que, por ley, deben estar empadronadas en un lugar de residencia concreto y, por lo tanto, falso. Por amplios que sean sus vagabundeos, deben estar “domiciliadas” en algún sitio. El estado de residencia es el lugar donde debe estar matriculado su vehículo y donde debe pasar las inspecciones, donde tendrán que renovar su permiso de conducir, pagar impuestos, votar, participar en los jurados populares, suscribir el seguro de salud (excepto en el caso de Medicare) y cumplir otra larga serie de obligaciones. Y el hecho de no vivir en ningún lugar concreto significa que en la práctica esa persona puede residir donde le plazca, al menos sobre el papel.

Però sempre hi ha algú disposat a aprofitar les desgràcies alienes per treure’n benefici, en aquest cas estaríem parlant d’Amazon.

A medida que trabajadores como David me iban contando su caso, empecé a ver progresivamente los campamentos de Amazon como un microcosmos de una catastrofe nacional. En los parques de caravanas abundaban las personas que habían caído muy por debajo de su nivel de vida de clase media, con todas las comodidades que siempre habían dado por sentadas. Esos trabajadores y trabajadoras ofrecían una muestra de todos los desastres económicos que han afectado a la población estadounidense en los últimos decenios. Cada una, cada uno, tenían su historia.

Gent que hauria d’estar jubilada a qui la crisi de 2008 va passar per sobre en les seves dues vessants, la immobiliària (les cases que tenien valien molt menys del que havien pagat o, més habitual, del que encara els quedava per pagar) i la bancària, amb diners i accions volatilitzats. Gent de 60, 70 i 80 anys havent de treballar i vivint en una caravana. Per molt épics que es posin i molt optimistes que es mostrin, això és un símptoma d’una societat malalta.

Abans he mencionat les migracions que es van produir des dels camps a les ciutats, el que tots recordem del llibre El raïm de l’ira, d’Steinbeck, o de la pel·lícula, de seguida se’ns desmunta aquest paral·lelisme.

Es posible que este tipo de trascedencia le suene a una o un estadounidense convencional como una versión actualizada de Las uvas de la ira. Pero merece la pena señalar una distinción fundamental. Los refugiados nómadas de la gran sequía de los años treinta, designados despectivamente como okies, preservaban su autoestima manteniendo encendidos los rescoldos de una preciada esperanza en que algún día las cosas volverían a ser como antes y podrían residir de nuevo en viviendas tradicionales y recuperar una mínima estabilidad.

Bob, al igual que muchos compañeros de viaje a quienes inspiró, veía las cosas de otro modo. Esperaba un futuro en el que las crisis económicas y medioambientales se habrían normalizado en Estados Unidos. Por eso no presentaba la vida nómada como un recurso fácil, una solución para salir del paso hasta que la sociedad volviera a estabilizarse y poder reincorporarse a la vida convencional, sino que más bien aspiraba a crear una tribu nómada cuyos miembros pudieran actuar al margen del orden social en descomposición o incluso trascenderlo: un mundo paralelo sobre ruedas.

1937 Zeppelin Road Liner. © Ron Frazier. Creative Commons.

Afrontar-ho tot plegat com un nou estil de vida més que no pas un atzucac vital, no com un moment baix que després es remuntarà i es tornarà a un “abans”, senten que el contracte social s’ha trencat, que els han deixat enrere i aquesta és la seva vida ara.

El llibre no és únicament sobre gent gran que s’ha quedat quasi sense res, també hi ha gent més jove que veient això han preferit agafar la drecera i anar directament a aquest tipus de vida.

—En resumidas cuentas, ahora veo a mis padres con sesenta y cinco años cumplidos y sin jubilación, mientras que todo lo que habían conseguido a lo largo de su vida se ha esfumado. Y con la crisis, esto le ocurre cada vez a más gente —se lamentaba Ash.

A pesar de que siempre se había considerado una persona “cumplidora”, empezó a temer que, aunque siguiera todas las normas de la sociedad para aspirar a una vida correcta de clase media, no tendría ninguna garantía de estabilidad. Dudaba que la Seguridad Social aún existiera para prestar apoyo a las personas de su generación en la vejez. Y aunque contaba con un par de fondos de inversión y un plan de jubilación individual de Goldman Sachs que sus padres habían suscrito para ella cuando era niña, le preocupaba que en el momento en que los necesitara hubieran perdido todo su valor.

Els treballs als magatzems d’Amazon són una oportunitat que atreu a nòmades sobretot quan s’acosten festes, es paga prou bé, però és una feina on al final d’una jornada s’han caminat entre 15 i 30 kilòmetres. És molt dur, sobretot al principi i sobretot per gent gran, però és el que hi ha, i tampoc hi ha massa queixes amb això.

Bajo la fatiga empezaba a aflorar, no obstante, un secreto sentimiento de orgullo. Había alcanzado un objetivo tras superar su primer semestre como trabajadora nómada y encadenar dos empleos temporales —como anfitriona de campamento y en el equipo de campistas— a la vez que se aclimataba a un estilo de vida itinerante y frugal en su autocaravana. Se sentía autosuficiente y libre. Pero ese era solo el primer paso. El segundo sería encontrar una tribu, una comunidad, lo que algunos nómadas llamaban una “família sobre ruedas”. El mejor lugar para ese fin era el Rubber Tramp Rendezvous, el encuentro anual de vagabundos sobre ruedas que se iba a celebrar muy pronto en Quartzsite.

https://www.flickr.com/photos/alisonjeancole/
Quartzsite © Alison Jean Cole. Creative Commons.

En algun altre punt s’explica aquesta aparent contradicció, prendre’s aquesta fatalitat com una oportunitat i afrontar el futur amb un optimisme pràcticament malaltís o difícil d’entendre. Una mentalitat que no deixa de ser molt americana, de no queixar-se perquè queixar-se és de perdedors, de derrotats i tots aquests nòmades no estan derrotats. De fet la majoria viuen sense deutes, que no és pas poc.

Pensar positivamente es, a fin de cuentas, un recurso muy estadounidense para afrontar las dificultades y casi un pasatiempo nacional. James Rorty lo constató durante la Gran Depresión, cuando estuvo viajando por el país entrevistando a personas que se habían visto obligadas a desplazarse de un lugar a otro en busca de trabajo. En su libro Where Life Is Better (“donde la vida es mejor”), publicado en 1936, expresó su consternación al ver que tantas de las personas entrevistadas se mostraban tan incólumemente animosas. “Esa adicción estadounidense a la simulación y al disimulo fue lo que más me molestó y desconcertó en mi periplo de más de 24.000 kilómetros”, escribió.

[…] las y los nómadas a quienes había estado entrevistando durante meses no eran víctimas impotentes ni tampoco despreocupados aventureros o aventureras. La realidad tenía muchos más matices […].

La part final de llibre explica com l’autora també es va convertir en nòmada, bé, després tornava a casa però passava llargues temporades vivint en una camioneta adaptada, i compartia les duríssimes feines com les d’Amazon o la collita de la remolatxa sucrera. Feines dures per a una noia sana de trenta i pocs, com han de ser per gent de seixanta i setanta i fins i tot algú de vuitanta…

Legalment aquesta manera de viure té cada cop més traves, amb l’excusa de la lluita contra el terrorisme les autoritats volen que tothom tingui una adreça. Potser sí, els nòmades diuen que s’està atemptant contra el seu mode de vida perquè no es popularitzi, i potser tenen raó. Les ciutats també són cada cop més restrictives amb coses com ara dormir al cotxe, plantegen que no té sentit que es beneficiïn de serveis i infraestructures gent que no paga impostos al lloc. No és un tema fàcil.

[…] la palabra maldita: “sintecho”. La mayoría de nómadas evitan ese calificativo como la peste. Afirman que, a fin de cuentas, son personas sin casa. Los sintechos o sin hogar son otra cosa.

En l’original, “homeless” vol dir sense llar (tot i que aquí es va traduir, a saber perquè com a “sense sostre”), ells diuen que de llar en tenen el que no tenen com a tal és una casa i per tant en tot cas són “houseless”, que no és ni molt menys el mateix.

Gairebé no hi ha nòmades negres. L’autora es pregunta el perquè, però si ja fer de nòmada sent blanc provoca recels i topades amb les autoritats i la policia… sent negre i tenint en compte el tracte de molts policies cap a ciutadans negres… és una opció vital potser massa arriscada per a molts. L’autora explica un parell de moments que no té gens clar com haurien anat si tingués un altre color de pell.

I al final la gran pregunta. Quines opcions de futur tenen aquestes persones? Aquesta vida no és per tothom, és dura, i arribarà un moment en què la salut i la vellesa els ho posaran difícil o impossible. Les seves perspectives no són bones, i aparèixer morts a la camioneta és una opció, de fet ja ha passat. Un dels personatges del llibre, Linda, compra un terreny amb la idea de construir una casa ecològica autosuficient enmig del no-res, relativament a prop (és un dir, distàncies americanes) de Douglas, que conserva, dels bons temps, un tros d’hotel amb una decoració esplèndida, el Gadsden.

Gadsden Hotel—Douglas, AZ © Chad Johnson. Creative Commons.

Un llibre molt recomanable sobre una de les cares menys agradables del somni americà, però terriblement real, i és necessari conèixer això quan algú ens parli dels beneficis d’una economia més desregulada i una sanitat i unes pensions privades… perquè aquest és el model americà, un model que enriqueix molt a uns pocs, empobreix a molts més i cada cop deixa més gent al ras. Tan real és Silicon Valley com gent vivint a la camioneta anant d’un lloc a un altre en busca de feina i acceptant qualsevol feina per dura i mal pagada que sigui.

(Visited 9 times, 1 visits today)