Baricentro / Hernán Migoya

No m’havia llegit mai res d’Hernán Migoya, més enllà dels seus guions de còmics (vaig riure força amb Kung Fu Kiyo), i vaig estar al cas de la que es va liar amb el seu Todas putas ja fa uns anys, per això aquest llibre del qual tothom en diu meravelles no el volia deixar escapar. Tinc la intuició (potser absurda) de que trobaré una mica de l’extrarradi barceloní que va retratar Kiko Amat a Antes del huracán, tot i que són extrarradis un al sud i un altre al nord de la ciutat, però comparteixen això, la presència enorme i potser fantasmal de la gran ciutat.

I si el títol no us sona gaire aquest enllaç us interessa. I una confirmació de que tots els extrarradis s’assemblen la trobem a les primeres pàgines.

Todas las cosas que me importaron de pequeño requerían de una larga marcha. Aún hoy la requieren, puesto que sigo sin saber conducir. Pero de niño eran más largas, con aquellas piernas tan cortas que tenía… Los niños de Barberà éramos niños de Stephen King embarcados en el arca de Noé de la inmigración. Éramos sus niños de 1950 en la periferia española de 1970, porque todos los niños son siempre iguales.

barbera_marc_2007017b © joan ggk, Creative Commons.

Un extrarradi, Barberà, un poble-ciutat que va créixer desmesuradament amb l’arribada de la immigració dels anys 50 i 60 i on la construcció del Baricentro als darrers 70 (s’inauguraria el 1980) va ser tot un esdeveniment.

Per més que l’autor digui que no és un llibre d’autoficció ni de memòries… això és el que es desprén de la seva lectura. I entre moltes altres coses el llibre és d’algú que es dedica als llibres, es parla dels llibres, dels primers llibres que marquen i que són tant importants.

El mundo no me gustaba. Mis padres me habían enseñado a temerlo. En el caso de mamá, porque desde niña había recibido los palos de su padre y también las dentelladas del hambre. En el de papá porque, por más que lo disimulara con capas de sorna, había heredado el miedo de los republicanos vencidos: mi abuelo se había escapado por los pelos de ser fusilado durante la guerra, y desde su salida del campo de concentración los trapos sucios se lavaban en casa… Así que crecí en una burbuja, rodeado de violentas novelas para adultos y música popular hispanoamericana.

I en parlar de llibres no triguen en sortir els seus temples, les biblioteques.

Conforme avanzó EGB y me fui convirtiendo en el empollón oficial de la clase, el territorio circunscrito a la plaza de la Unidad se fue haciendo más chiquito que mi curiosidad, así que pronto anexioné a mis rutas cotidianas un segundo lugar de estudio y esparcimiento que llegaría a amar: la biblioteca municipal.

Casal de cultura, antiga seu de la Biblioteca de Barberà. Foto treta d’aquesta pàgina.

Se llamaba Biblioteca Esteve Paluzie, la abrieron a apenas tres manzanas de nuestra plaza y, a día de hoy, todavía ignoro quién es el tipo que le dio nombre. Y es que la biblioteca de Barberà fue el primer puesto de avanzada que la civilización autóctona estableció en nuestra “reserva dormitorio” en vida mía. Entre sus asiduos podíamos caer y de hecho caíamos muchos charnegos, pues los colegiales del barrio pasábamos por sus instalaciones a hacer los deberes, consultar temarios o a estudiar. Pero la lengua que allí dominaba institucionalmente era ¡oh sorpresa! la vernácula… y sus embajadoras designadas no tenían una gota aparente de mestizaje en la sangre.

Un altre record, aquest desgraciadament molt comú, els abusos, tot el que ara en diuen bullying i que abans era una cosa que et passava i t’havies d’aguantar. Ell també va patir els típics nanos que tenen mig tiranitzada a tota una escola, o almenys a gran part de l’alumnat.

Por culpa de ellos no me gusta la gente. Desde entonces me considero ajeno al devenir de mi sociedad, porque no puedo sentir simpatía por una especie que desde su estructura organizativa más básica agacha la cabeza ante ejemplares de esa calaña. Los odio, los sigo odiando.

No odio al Trelles y al Bruno actuales. No deseo que les vaya mal. No les deseo la desgracia ni la muerte. Lo que son hoy no fue el motivo de mi sufrimiento.

Odio a los niños que fueron.

Una altra de les aficions és el cinema i les pel·lícules. Ara pot semblar impossible, però es programaven a hores “protegides” autèntiques salvatjades, com una Tiburón 3 que m’han agafat ganes d’intentar veure-la (però de seguida se m’han passat). Això normalment feia por i la gent ho superava i tirava endavant, amb més o menys traumes això sí.

Jaws! © m.prinke, Creative Commons.

Desde entonces, me dio miedo hasta bañarme en la piscina. Si me ponía a bucear en sus domesticadas aguas, avanzaba con los ojos cerrados y no me atrevía a mirar a ningún lado, convencido de que el tiburón me rondaba. Y meterme en la bañera suponía una proeza, intimidado ante la posibilidad de que por el desagüe enseñara su morro el majestuoso predador. ¡Ni había charca en el suelo de la que no creyese que fuese a emerger esa criatura asesina! Varias noches sufrí pesadillas alusivas al monstruo: en las peores, el tiburón asomaba sus fauces y era mujer, pese al fálico lomo. A mí me asustaba todo: vaginas dentadas y pollas a un tiempo; ¡Freud se hubiera acojonado de mí!

Per com són els pares, com ha sortit un nano així. També això ho explica al llibre, pares modestos i treballadors, força normal. Aquí uns detalls més de son pare.

Más adelante comprendí que la verdadera opción política de papá era la de joder la marrana. Disfrutaba percibiendo a la gente fastidiada por ese tipo de asuntos mundanos que a él, aparentemente, le resbalaban. La quejumbre ajena le servía de alimento. Desde su perspectiva de carpintero asalariado, papá consideraba que la vida de un individuo de su clase social nunca se vería afectada por quien gobernase: él y los que eran como él siempre permanecerían en el barro y nunca inquietarían al poder, fuera del color que fuera su pelaje.

Mientras la cabeza le rigió, mi padre fue un nihilista. Antes del alzheimer, amó el caos.

I com no pot faltar en tot llibre iniciàtic, tenim a les noies. Bé, només hi són, perquè no li fan gaire cas al protagonista. Potser la seva actitut ens dóna alguna pista.

El primer año de BUP y casi ligo.

Hasta entonces, y todavía durante una larga temporada que se extendió varios años, mi única estrategia de ligue con las chicas consistía en mirarlas intensamente: las escudriñaba con la vista fija y sin pestañear, irradiando por mis pupilas un supuesto encanto que se pretendía deudor de Rodolfo Valentino pero a buen seguro remitía más a Bela Lugosi. Trataba seriamente de pasmarlas a golpe de hipnosis donjuanesca y animarlas así a tomar la iniciativa en el planteamiento de algún ritual de cortejo cuyas claves ignoraba. Porque yo no habría reunido el valor de dar ese primer paso ni asistido por el mejor manual de seducción del mundo.

One Eye Follows© Jack Lawrence, Creative Commons.

Pero las chicas no hacían ni puñetero caso a mis miradas, por supesto. Salvo evitarlas con embarazo o enojo.

Anem passant per l’adolescència i els intents per encaixar, o per lligar, que venia a ser el triomf dels qui encaixaven. I com de difícil era tot. I encara ho és, perquè canvien les circumstàncies però el fet de créixer és pràcticament igual.

Se suponía que estábamos pasándolo bien, pero yo sentía que mi vida era miserable y me constaba que casi todos los demás también se sentían así. Sabía en qué estaban pensando los chicos y estaba relativamente seguro de que muchas chicas pensaban lo mismo. Por qué bailábamos aquella mierda de música cuando hubiéramos podido querernos un rato, descubrirnos un poco unos a los otros, explorarnos una minucia al menos y disfrutar lo que nos tocaba por derecho de edad. ¿Adónde se había escabullido esa libertad sexual que tanto se cacareaba desde las películas y los telediarios? Llevábamos casi una década en un estado de derecho laico y sin embargo parecíamos todos más castos que el Papa. ¿Es que se daba por sentado que, como había libertad, ya todo el mundo debía tener superado ese enojoso lastre del deseo carnal?

Una mica més del mateix. La descripció m’ha encantat i pràcticament tots hi hem encaixat en algun moment de la vida (no tots i totes, no, tots).

Sucedió en un bar nocturno de Salou. Mis amigos y yo pasábamos de acampada algún fin de semana allí, infructuosamente emperrados en ligar con alguna turista bondadosa, como un destacamento de Alfredos Landas suicidas.

Alfredo Landa a la pel·lícula “Manolo la nuit”.

I van arribar la universitat i el món laboral, fins que va anar a parar a la mítica La Cúpula. També hi ha un parell d’anècdotes a TV3. Deixe-m’ho en que la lia, de manera que en un programa de debat només fa una intervenció i després les càmeres ni tan sols l’enfoquen. Després hi ha com un intent d’arreglar-ho, però clar, si vas a un programa i deixes anar això… El programa era sobre joves i política.

Y así, efectivamente, la noche señalada salimos al aire y la cámara empezó a transmitir mi imagen a toda pantalla para Cataluña entera. Yo, muy solemne, muy seguro de mí mismo y con esa arrogancia lumpen que hace que caiga tan mal a la gente, desgrané mi opinión tunante en una sola frase:

—Hola, pues yo opino que en realidad a los jóvenes nos importa muy poco la política y lo entiendo perfectamente, porque lo único que queremos es follar.

Lo dije en catalán, pero lo mismo dio: les jodió igual.

Esa vez ni me llamaron para disculparse ni para volver a invitarme a un nuevo programa.

Bé, ja aleshores era un personatge. I amb això arribem una mica a la part final. També hi ha els seus problemes de salut, la paranoia i una mica aquesta tornada a l’actualitat, quan és ell el que ajuda els seus pares. Ho explica al principi: ella amb càncer i ell amb alzheimer. Ella lluitant per tot i per tots perquè és el que sempre ha fet. I ell desdibuixant-se cada cop més.

Hernán Migoya a la seva pàgina de facebook.

Un llibre molt recomanable, l’estructura de capítols curts fa a més a més que es llegeixi a una velocitat molt alta, l’estil és directe i senzill (bé, sembla senzill en llegir-ho, que és el difícil). I com sempre deixa amb ganes de més. Suposo que algun dia continuarà aquestes memòries (i com en aquest cas negarà que ho són) i arribarà fins més als nostres dies. O no, que faci el que vulgui. Un llibre molt bo i un autor per descobrir, a més a més d’un guionista de còmics que s’ha atrevit amb l’adaptació ni més ni menys que de Carvalho.