Cherry / Nico Walker

Un altre llibre al que arribo a través de Kiko Amat, en general és un recomanador de llibres que no falla, almenys en el meu cas, suposo que devem tenir gustos similars. També passa tant temps des que llegeixo que parla d’un llibre fins que el puc aconseguir a la biblioteca (sospito que més gent llegeix les seves recomanacions i aquestes volen de les prestatgeries) que gairebé ja no sé què me n’esperava o que volia o… És igual, un llibre bo és un llibre bo, i si l’agafo sense expectatives o amb les expectatives oblidades doncs encara millor. Veig que aquesta primera (i de moment única) novel·la de Nico Walker és semiautobiogràfica i el protagonista és, com ell mateix, un veterà de l’exèrcit nord-americà (un exèrcit amb una nòmina d’escriptors força gran: Crews, Brown o Salter entre d’altres, tot i que a Salter el va agafar la Segona Guerra Mundial i (suposo) la mobilització general). Amb 20 anys va anar a Irak, en tornar es va acabar enganxant a l’heroïna (tot i que ja es drogava abans) i va ser un atracador de bancs que va fer carrera, lamentable i low cost, però carrera. Quan la seva història es va fer popular el van convéncer per fer-ne una novel·la. Aquesta novel·la es va escriure a màquina a la presó on complia condemna, i va necessitar molt treball i reescriptura.

Començo amb el pròleg i ja flipo, a partir d’aquí o serà un gran llibre o una gran decepció, però amb aquest principi no hi haurà un punt mig, està clar.

Emily ha ido a darse una ducha. El cuarto está medio a oscuras y yo me estoy vistiendo, buscando una camisa que no esté manchada de sangre, sin suerte. Los calzoncillos también están hechos un asco; quemaduras de cigarrillos en la entrepierna. Todo muy heroin chic, como si ya fuese famoso.

Heroin Kids © Fábio Silva, Domini públic.

Voy abajo. Livina se ha meado en el salón. Hay un charco de pis.

—Livina, hostias —le digo, pero en voz tan baja que no me oye. Es buena perra, solo que lo hemos hecho con el culo educándola.

Cojo el papel de cocina y un espray. Hay un paquete de Pall Mall en la encimera. Lo agito para sacar uno y me lo enciendo en el fogón de la cocina. Echo un vistazo a las jeringuillas del armario. Están todas con sangre incrustada y torcidas, como instrumentos de tortura. Y hay dos tiras de nailon en el armario, y una caja de bastoncillos de algodón, una báscula digital, dos cucharas con algodones viejos. Las agujas de las jeringuillas se han quedado sin punta, pero habrá que apañarse. Emily tiene que estar en el colegio a las diez, así que tenemos el tiempo justo.

Però per arribar aquí, al punt del pròleg, hi ha tota una història que encara  no sabem.

Teníamos dieciocho años. Nos conocimos en el instituto. A ella le preocupaba el dinero y yo me fumaba cada día siete dólares en tabaco.

Lucky © Saúl Morales, Creative Commons.

Consum de drogues, atracaments per pagar, una relació tirant a disfuncional… Déu n’hi do per ser les primeres 30 pàgines d’un llibre de 350.

Un dels nuclis de la novel·la és la relació del protagonista amb Emily.

¿Eres capaz de volver al momento en que conociste a la persona que más has amado y recordar exactamente cómo fue? No en plan dónde estabais o cómo iba vestida o qué comisteis ese día, sino qué fue lo que viste en ella que te hizo decir sí, esto era lo que venía buscando.

Yo podría decir alguna chorrada, pero la verdad es que no lo sé.

Me gustaba la forma en que maldecía. Maldecía con gran elegancia.

Y su cuerpo.

Tenía el mejor polvo. Te follaba de verdad, o dejaba que te la follases de verdad. No se echaba atrás. Te lo daba siempre todo y no era nunca falsa.

La forma en que sonreía cuando estaba nerviosa.

El prota ja és un bala perduda, la universitat clarament no és per ell, però ho intenta perquè és com una cosa que cal intentar, o per inercia o per fer alguna cosa fins saber què vol fer.

Yo tenía pensado dejar la universidad, pero me tomé cinco milígramos de Rivotril y me bebí más de medio litro de Olde English y me desmayé en el museo de arte. Así que se me pasó la fecha límite para anular la matrícula y tuve que terminar suspendiendo todas para que me echaran.

Allistar-se als marines no sembla una bona opció, però tenint en compte com va la cosa tampoc sembla la pitjor cosa que podría fer. És jove i tot això, però porta una carrera que ja té pintes d’acabar molt i molt malament. La seva descripció de l’exèrcit.

El sargento instructor Cole me pegó un puñetazo en el pene sin venir a cuento. Pero se entendía. Solo había que recordar que era todo simulacro. Los sargentos instructores solo fingían ser sargentos instructores. Nosotros fingíamos ser soldados. El Ejército fingía ser el Ejército.[…]

Al final estuvimos todos, y descubrimos que éramos la Compañía Charlie, y nos subimos a un autobús para ir a nuestros nuevos barracones. Había una chica de Dakota del Norte que se llamaba soldado Harlow, y le contó a todo el mundo en el autobús que le gustaba chupar tabaco Copenhagen y que se la follaran en grupo. Así que se hizo popular. Y todos pensamos como sería follarse en grupo a la soldado Harlow.

Entrenament de marine per anar a petar a Irak. A cada moment que sembla que la cosa no pot empitjorar es supera. Irak pràcticament no ha conegut la pau des dels primers 90, un lloc fantàstic per enviar-hi un munt de nanos cap-calents amb més armes que cervell i que fan allò, en general, per la pasta.

American military personnel in Logar Province, Afghanistan, in 2018.Credit.©..Omar Sobhani/Reuters

Una cosa curiosa és que els soldats estan a Irak (o en la zona en conflicte que toqui) un any, bàsicament el temps que necessiten per demostrar que poden ser útils (que no els pelin ja és un bon indicador), un cop están entrenats i preparats, cap a casa. Tampoc els culpo.

Se oyó una voz en la red, sonaba como a death metal, dijo que estaban listos.
Y mataron a un montón de hajis, cuarenta pobres desgraciados. Fueron solo unos minutos. Nosotros no hicimos nada más que quedarnos en nuestro sitio. Ni siquiera lo oímos. Ni siquiera me habría enterado de lo de los cuarenta hajis muertos de no ser porque lo leí en Yahoo!News la mañana siguiente. Me preguntaba cómo lo habrían hecho.
En fin. Entonces fue cuando comprendí que no estábamos allí para hacer una mierda. Servíamos para que una bomba nos matara o nos destrozase, y para perder cada día el puto tiempo, pero nadie creía que pudiésemos entrar en el auténtico combate, fuese lo que fuera eso.

Después de un tiempo en Irak, se hizo evidente que no tenían intención de hacerle ningún análisis de orina a nadie. Un gesto decente que tenían con nosotros, supongo.
Así que nos podíamos colocar.
Pero luego quedaba saber cómo.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Welcome_My_Friend_(4477519304).jpg

Tot i que en teoria la guerra allà ha acabat tot allò està molt lluny de ser una zona pacífica, i estar sobre el terreny en situacions d’aquestes passa factura.

Cuando llegó el otoño era evidente que estábamos ya todos un poco p’allá. En ese estado a ninguno de nosotros lo habrían aceptado en la sociedad civilizada; los que habíamos estado pateando puertas y destrozando casas y disparando a gente estábamos psicóticos. Y ya listos para que se terminara. No tenía nada de interesante. No había nada. Habíamos desperdiciado el tiempo. Habíamos perdido.

100205-F-2616H-049 © Kenny Holston, Creative Commons.

La seva despedida de l’exèrcit és excessiva, com tot en el protagonista. De fet ni tan sols pot culpar l’estrés post-traumàtic (que també hi és), ell ja venia molt malament d’abans.

Me pasó una cosa curiosa: después de casarnos, Emily fue y se hizo la depilación definitiva, y luego se pilló una serie de amantes, y entonces hubo un día que descubrí que yo era algo así como el centésimo primero en ver el resultado. Y eso me destrozó. Pero, para ser justos, yo me había ido a Irak. Y, para ser justos, nuestro matrimonio era una mentira. A lo mejor pensó que me matarían y que no llegaría a enterarse.

Durante los últimos tres meses en el Ejército, allí en Texas, estuve bebiendo dos botellas de ginebra por noche. Cagaba sangre. Me tiraba pedos de sangre. Me hacía pajas en los lavabos, y todo eso no me hacía sentir demasiado bien.

Volví a casa por Navidad y conocí a una chica; me dijo que tenía la regla, así que me hizo una cubana, y yo mientras me quería morir. Me dijo: «¿Te importa no darme en la cara con la polla?».

Me volví a Texas y la cosa mejoró un poco. La gente sabía lo que era eso. Y había un montón de gente allí a la que se le iba la pinza, así que Texas estaba bien: no tenías la sensación de estar tan jodido mientras estuvieras allí.

Pero entonces me largué del Ejército; mi tiempo había terminado. Y uno podría pensar que estaba todo bien, pero no estaba todo bien. Me sentía como si estuviese abandonando a los míos. En realidad, les importaba una mierda que me largara o no, pero en el momento eso es lo que sentí, que estaba abandonando a los míos. Pensé: A lo mejor tendría que quedarme.

Després d’unes giragonses, de fet una mena d’espiral sempre descendent, torna amb Emily i ara són una parella d’addictes, una mica la situació que s’explicava al pròleg.

saturation monday maybe like happymonday’s © silviadinatale©, Creative Commons.

Yo estaba empezando a ir otra vez a la universidad. Iba a una universidad pública del centro. Yo iba a clase y Emily se esnifaba toda mi cocaína y luego me dejaba una nota en el cajón diciéndome que quería que dejase de meterme coca. Era una auténtica zorra de primera clase; por eso la amo hasta la muerte.

Tota la seva història pot semblar absurda, però només des de fora, des de dins té tot el sentit del món. Sí, és un addicte, els dos ho són. Ho intenten deixar, però sense gaire convenciment, per què? Perquè quan estan enganxats si tenen droga la sensació és absolutament genial. Des de dins, des del seu molt subjectiu punt de vista.

No existía nada mejor que ser joven y llevar un colocón de heroína. Emily y yo estábamos viviendo juntos. Los días eran esplendorosos. No había que preocuparse por el trabajo porque no había ningún trabajo. Podías ir a la universidad y te daban la FAFSA, te daban préstamos para estudiar y becas Pell. Y si tenías la G.I. Bill, eso te cubría la matrícula; y entonces no te hacía falta la FAFSA para pagar la universidad y podías ir y gastártela en droga, que era lo único que querías en realidad. Podías suicidarte lentamente y sentirte en la gloria. Podías cultivar hierba de primera clase en el sótano y pagar con eso el alquiler. Desde luego, el futuro pintaba mal —tenías deudas, estabas siempre enfermo, ibas estreñido, toda la gente que conocías eran unos hijos de puta, tus nuevos amigos te arrancarían los ojos con los dientes por una dosis o veinte dólares, tus antiguos amigos guardaban las distancias— pero podías meterte más heroína y eso solía servir para calmarte en la época en la que ibas para veinticinco, cuando aún podías seguir fingiendo y no existía nada mejor que ser joven y llevar un colocón de heroína.

Tractar amb camells, ser timat, punxar-se les venes sense ni saber què coi es xuten… i dedicar-se a atracaments de bancs, atracaments low-cost però  suficient per tirar uns dies més, l’horitzó reduït a la següent dosi. Sap que tard o d’hora l’agafaran, no li sembla ni bé ni malament, tampoc té cap pressa. I més o menys aquí acaba el llibre.

Llibre molt recomanable, i dur i directe. M’ha recordat el millor Edward Bunker (i també aquí i aquí) i també Irvine Welsh per tot el tema de l’heroïna, una història vibrant explicada en una primera persona sense concessions ni narcisisme sobrer amb una prosa esmolada. Us enganxarà.

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