Los peligros de fumar en la cama / Mariana Enriquez

Llibre de contes de l’escriptora argentina Mariana Enriquez, de qui no havia llegit absolutament res.

Contes curts i contundents, com han de ser, d’aquells que et deixen pensant si has llegit el que has llegit i allò vol dir el que penses. Però no només, també hi ha contes on el punt estrany l’acumulen al final mentre tot sembla una història més o menys normal d’amor adolescent amb una dona una mica més madura que “ho espatlla tot”, o així ho veuen les protagonistes de La Virgen de la tosquera.

Toda especulación se cortó en seco —como si nos hubieran pasado un cuchillo helado por la columna vertebral— cuando nos enteramos de que Silvia y Diego se habían puesto de novios. ¡Cuándo! ¡Cómo! […]

Chimney Rock Pool © Barta IV, Creative Commons.

Los detalles los tuvimos pronto y no eran demasiado espectaculares. Se veían al margen de nosotras desde hacía un tiempo; de noche, en efecto, pero a veces él la pasaba a buscar por el Ministerio y se iban a tomar algo, y otras se quedaban a dormir juntos en su departamento. Seguro fumaban el porro de la planta de Silvia en la cama después de coger. Algunas de nosotras no habíamos cogido a los diecisiete años, un espanto; chupar pija sí, ya sabíamos hacerlo muy bien, pero coger, algunas, no todas. Nos dio un odio terrible. Queríamos a Diego para nosotras, no queríamos que fuera nuestro novio, queríamos nomás que nos cogiera, que nos enseñara como nos enseñaba sobre el rocanrol, preparar tragos y nadar mariposa.

Està clar que aquest conte no pot acabar bé. No és un llibre de contes ensucrats, són fumuts i els personatges tenen un punt cabró que de vegades costa de païr. M’ha fet especial gràcia un conte ambientat a Barcelona, també és dels fumuts fumuts, La Rambla triste:

—Así vivimos, con este periodismo botón y en el medio de toda esta mierda —resopló Daniel—. El otro día le pusieron una multa a un tipo que estaba tomando una Coca-Cola en una plaza. Le cobraron como doscientos euros porque no se quería levantar cuando iban a limpiar con la manguera. Se la pasan mijando. Ahora tampoco se puede fumar en los bares. Sí, ya sé que eso pasa en todo el mundo, pero un bar no es un lugar sano, santa Madre de Dios. Es para conspirar, para relajarse, para ponerse en pedo. Acá, nada. Los alquileres son de escándalo: quieren que vivan ricos en la ciudad, nada más. Es para los turistas. ¡Están limpiando los graffiti! Había algunos que eran una belleza, ninguna otra ciudad del mundo tenía graffiti así. Pero andá a explicarles a estos brutos que es arte. Un carajo. Destrozan todo.

Imatge treta d‘aquesta pàgina.

—Un amigo nuestro fue preso porque hizo una pintada que decía: “Turistas, ustedes son los terroristas.” Le dieron como cuatro meses. Pobrecito —contó Julieta—. No sabés las ganas que tenemos de ir para Madrid. Pero acá conseguimos trabajo. A mí esta ciudad me tiene harta. Ni salgo. Para amargarme, mejor me quedo en casa.

I aquesta és la part amable, després hi ha uns morts-no morts que són els nens que van sortir quan es va destapar el cas de pederàstia a Raval i que és força enrevessat i ple de sensacionalisme, però és tangencial al tema del conte.

Els contes del final són molt bons, curiosament el que menys m’ha convençut és just el que dóna títol al llibre, però m’han semblat petites obres mestres del terror el Chicos que faltan i el que tanca el llibre Cuándo hablábamos con los muertos. Un llibre molt recomanable i un descobriment d’autora!

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