Kentucky seco / Chris Offutt

Després de Mi padre, el pornógrafo, em vaig quedar amb ganes de més Chris Offutt, i l’editorial Sajalín té dos llibres seus en el seu molt recomanable catàleg, i em poso amb el llibre del debut, un recull de contes.

Un estil que podem englobar en això que se’n diu grit-lit, i que en aquest blog jo en dic una mica estil “Dirty Works”, perquè aquest autor podria passar perfectament per un col·lega de Larry Brown o Harry Crews (i de fet, el traductor del llibre és un dels editors de Dirty Works). Què són el mateix tipus d’autors, sorgits del mateix tipus d’entorn queda clar només llegint el principi del primer conte del llibre Serrín:

Nadie de esta ladera acabó el instituto. Por aquí se valora a un hombre por sus actos, no por su supuesta inteligencia. Yo no cazo, ni pesco, ni trabajo. Los vecinos dicen que le doy demasiado al coco. Dicen que soy como mi padre y a mamá le preocupa que puedan estar en lo cierto.

Cuando yo era pequeño tuvimos un perro rastreador al que, tras un encontronazo con una mofeta, no se le ocurrió nada mejor que meterse debajo del porche. Gimoteaba en la oscuridad y no quería salir. Papá le pegó un tiro. Siguió apestando pero papá se sintió mucho mejor. Le dijo a mamá que qualquier perro que no supiese diferenciar entre un mapache y una mofeta merecía ser liquidado.

Mr Blue (and Brown) Eye © Alan Levine, Creative Commons.

El conte Lo que se queda m’ha semblat magistral, un condensat de tot el que m’agrada d’aquest estil, natura, extremisme religiós, nanos mig asalvatjats, llaços familiars forts de debó basats en més que la sang. Res de mitges tintes, les condiciones extremes forjen gent una mica extrema per una pura qüestió de supervivència.

Això altre és de Hierba de caballo:

Al coronar el montículo, sonrió. Plantadas sobre bases de veinticinco centímetros, cincuenta y una plantas de marihuana se mecían suavemente en la brisa. William nunca había fumado hierba. Crecía y punto, lo mismo que el maíz que su abuelo utilizaba para el malteado. Al igual que el ginseng y el tabaco, la marihuana se había convertido en una planta muy provechosa. La gente del pueblo se la quitaría de las manos y él les haría un precio competitivo. Solo necesitaba unos cuantos accesorios para el cuarto de baño, sesenta metros de PVC y un espejo para Connie.[…]

Viaje Ejercito-52.JPG © oswaldo, Creative Commons.

William sabía que el negocio de la marihuana era más seguro que la destilación ilegal por el simple hecho de que aquel montículo pertenecía a la compañía minera. La nueva ley permitía al Estado confiscar propiedades particulares en las que se cosechase marihuana, pero el gobierno siempre había dejado muy a su aire a los grandes explotadores de carbón.

[…]William recordó que su padre y su abuelo volvían de las minas por aquel mismo camino y, de pronto, se alegró de no haber tenido hijos varones. La responsabilidad sobre la tierra acabaría en él. La vida de los hombres transcurría entre ráfagas de trabajo y alcohol, con una muerte rápida, mientras que las mujeres sufrían un desgaste lento y continuado, como la ribera de un río en una curva pronunciada. Él insistiría a sus hijas para que se marchasen, pero seguramente se quedarían y le darían nietos. Un día William sería viejo y le contaría a un niño que una vez ayudó a un hombre de la compañía minera que no se lo merecía. Se preguntó qué cosas declararía ilegales el Estado en la época que les tocase vivir a sus nietos.

Coal_cars_below_the_tipple._Kentucky_Straight_Creek_Coal_Company,_Belva_Mine,_abandoned_after_explosion_(in)_Dec…._-_NARA_-_541241. U.S. National Archives and Records Administration. Domini públic.

Aquests contes expliquen el que és viure a la part rural d’Amèrica (específicament als Apalatxes) quan les indústries ja n’han marxat. Sense fàbriques, sense mines, sense feina i quasi sense esperança. No és una situació estranya en unes zones terriblement castigades, les etapes de bonança han estat una excepció. Per això buscar-se la vida plantant marihuana no deixa de ser una evolució de la destil·lació il·legal d’alcohol (la paraula original és la preciosa moonshine) que havien practicat generacions anteriors.

El conte Cuarto menguante és un western, del tot, dur i cruel i genial, una imatge segurament força més realista que la difosa per Hollywood carregada d’èpica o de sucre, depenent. L’oest era un lloc dur i perillós, la millor descripció (si algú hi està interessat) jo la vaig trobar a Ángulo de reposo de Wallace Stegner, i també als llibres de Jim Harrison, però m’estic escapant del tema.

Una altra cosa amb la que en aquestes zones es té contacte és la presó. Viure al marge (o en contra) de la llei sembla una opció vital tant normal com qualsevol altra, com a Blue Lick.

Papá salió de prisión antes de lo previsto porque no había nadie que pudiese ocuparse de nosotros aparte de la abuela, que es igual de vieja que Dios. La señora que hablaba raro me preguntó si sabía por qué habían metido a papá en la cárcel la primera vez. Lo sabía de sobra. Papá nos había contado un millón de veces que había tenido un accidente con el coche y que se había despertado creyendo que había muerto. Lo que había hecho era salirse de la carretera a ciento cuarenta kilómetros por hora junto a una gasolinera Shell y llevarse por delante una verja antes de estrellarse contra un caballo. Cuando se despertó, el caballo había atravesado el parabrisas y había aterrizado encima de él, cubriéndole de sangre que pensó que era suya. Un árbol tapaba la S de cartel de Shell. Papá decía que al ver aquellas enormes letras rojas supo al instante que había muerto y que había ido a parar a donde todo el mundo decía siempre que acabaría yendo. Al caballo se le había rasgado el vientre y le colgaba medio potrillo de dentro con las patas contra el suelo del coche. Papá pensó que se había medio convertido en un macho cabrío, como el mismísimo diablo.

Shell © David Nagy, Creative Commons.

Gent pobra, senzilla, i sense luxes, com a Bola 9.

Su padre preparaba la misma cena todas las noches: sopa, frijoles, pan de maíz y cerdo. Nunca faltaba la botella de bourbon plantada junto a su plato. Se fumaba un cigarrillo mientras comía y el filtro se le llenaba de migas de pan. Everett sabía que, después de cenar, su padre se terminaría la botella delante del televisor.

Phillips Pork & Beans © Andrew Filer Seguir, Creative Commons.

I per acabar, un fragment de l’epíleg del propi autor, sobre aquest llibre, sobre els seus llibres, sobre que és el que intenta, el perquè escriu i també el “per a qui”, potser igual d’important.

Mi objetivo era brindar un libro a la gente de casa, un libro sobre “nosotros”, no sobre “ellos”, un libro en el que los lectores de las montañas pudiesen por fin reconocer su cultura sobre el papel, con un lenguaje que pudiesen entender, sin condescendencia. Quería escribir un libro que reflejase la dureza de la vida en las montañas, pero sin perseverar en las mentiras más difundidas. Mi tarea era similar a la de otros escritores que no forman parte de la vida americana dominante y cuya cultura se ve distorsionada a diario en los medios populares. Estoy hablando de los escritores negros, latinos, asiáticos, nativo-americanos y gays. He leído sus obras con voracidad en un intento de imitar el modo en que echan mano de la narrativa para lidiar con la opresión, el prejuicio y la escasez de oportunidades.

Un llibre molt, però molt recomanable. Si us agrada Larry Brown o Harry Crews, com he dit al principi de la ressenya, aquest no us decebrà, us ho asseguro.

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