Diarios 1984-1989 / Sándor Márai

Això d’atacar autors que no conec de res pels seus diaris potser m’ho hauria de començar a fer mirar. No fa gaire va ser Piglia/Renzi i ara Sándor Márai.

Aquest autor hongarès a partir de 1952 es va instal·lar als Estats Units. És un autor que va viure dues guerres mundials i gran part del segle XX fins just abans de la caiguda del mur de Berlín, només per això els seus diaris ja serien interessants, però a més a més hi ha detall macabre: l’autor no va morir el 1989, es va suicidar; i aquests diaris arriben a aquest punt concret, el de la decisió. Però encara falten 5 anys des de l’inici a principis de 1984.

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Són anys on veiem com les preocupacions de Márai es van enfocant, del món de les idees i la literatura cap al món del dia, la quotidianitat.

La gran sorpresa para Dostoievski fue el odio entre clases que florecía en la cárcel. Un siervo que además fuera un delincuente se sentía más «en casa» en la cárcel que el escritor revolucionario que creía haberse identificado con los desheredados, pues en tal situación este último se sentía «como un lobo atrapado». Según el biógrafo, Dostoievski perdió definitivamente la fe en que los esfuerzos de los intelectuales radicales pudieran ejercer alguna influencia en las masas. Y descubrió que los campesinos no querían subvertir el orden social; aspiraban a una vida mejor, a más libertad, pero no pretendían anular las diferencias entre clases sociales.

Después de 1945, tanto en Hungría como en otros lugares donde los revolucionarios oficiales establecieron el bienestar social, se produjo una reacción similar: el pueblo observó con recelo que, tras la abolición de las antiguas clases dominantes, el bienestar fue para el partido, no para el pueblo.

I una idea que comença a fer-se forat, de manera lenta però inexorable, el suicidi.

Dice Edmund Wilson que alrededor de 1932, en los años de la Gran Depresión, San Diego era el destino preferido de los suicidas americanos: los deprimidos y los desesperados venían aquí para morir. Entre 1911 y 1927 llegaron más de quinientas personas para suicidarse. La ciudad entonces tendría unos trescientos mil habitantes. Hoy tiene el triple, sin embargo, el número de suicidas ha disminuido, la gente se traslada aquí porque espera vivir al calor del sol.

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San Diego – Skyline © Harshil Shah, Creative Commons.

Algunes de les seves observacions són, a més d’interessants, compartides per altres escriptors quan es «deixen anar» i es mostren en aquests tipus d’escrits.

El escritor como personaje social es un concepto un tanto confuso, como el santo o el chamán… Sin duda hay gente que expresa sus ideas por escrito, pero el término «escritor», a diferencia de «dentista» o «mecánico», no define la actividad de un individuo. Todos los que son escritores en un sentido social me parecen sospechosos.

La part on explica la decadència i mort de la seva dona L. són desgarradors. Possiblement perquè no hi ha artifici, només un home explicant com es mor la persona amb la que ha compartit pràcticament setanta anys de vida. Una mort que tampoc arriba de manera rápida i pietosa, és un deteriorament progressiu que ell només pot observar i pensar en què farà si li toca a ell. I la seva visió de la vida, lògicament, es tenyeix de negre.

Aunque a veces los dioses descargan un golpe, tiembla la tierra, de desbordan las aguas, caen relámpagos, eso es sólo un interludio ocasional. Lo constante es la mezquindad, la avaricia, la vanidad, la malicia, la crueldad humana. Estoy cansado, ya no rechazo la muerte. No la deseo, pero tampoco la rechazo.

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Milano by Night a little bit yellow © Mayastar. Creative Commons.

La idea del suicidi, sí, i una primera acceptació de la mort i de que el que cal evitar és la decadència prèvia, la indefensió absoluta d’un cos vençut i depenent que només aspira a morir. La cosa és tan simple com ens diu aquí:

Vida, personas, trabajo, literatura, todo se ha acabado. Hastío y vergüenza, si pienso en la escritura. Escribía para L., todo era por ella. Ya no tengo a quien escribir. Me cuesta creerlo.

La logística de la pròpia mort. És una cosa que no pot ser més americana. Tenim el fet de comprar una arma per suicidar-se: consumisme, armes, i nihilisme perquè es tracta d’acabar amb tot.

Hace dos semanas fui a una tienda del otro extremo de la ciudad para comprarme un arma de fuego, pero el formulario de la policía no había llegado hasta ahora. Ahora vuelvo y el vendedor me entrega la pistola, empaquetada con esmero, además de cincuenta balas. Cuando le advierto que no voy a necesitar tanta munición, él se encoge de hombros y contesta con indiferencia que eso nunca se sabe. En el establecimiento se exponen toda clase de armas de fuego, escopetas de caza, fusiles ametralladores. Los pocos compradores, la mayoría chavales con cazadoras de cuero, deambulan mirando las armas. En América todos los ciudadanos tienen derecho a ir armados. Vuelvo a casa en taxi; el chófer me pregunta qué he comprado y asiente al saber que se trata de un revólver. «Siempre viene bien», me dice. Es la primera vez desde hace meses que siento algo parecido a la tranquilidad. No tengo planes de suicidio, pero si el envejecimiento, la debilitación, la pérdida de mis capacidades avanzan al mismo ritmo, es bueno saber que podré acabar con este humillante deterioro en cualquier momento, y no tendré que temer lo peor: terminar en uno de esos vertederos institucionales, en un hospital o una residencia de ancianos. Sin embargo, hay que tener suerte incluso para eso, porque la apoplejía puede impedir la huida.

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and more guns… 1207211353BW © Patrick Feller. Creative Commons.

Cap a la part final les anotacions es van espaiant, Márai no té res per explicar ni ganes de fer-ho, tots els seus familiars són morts, no li queden ni amics ni enemics, només records i somnis on parla amb la seva dona i ganes de marxar.

La última frase completa que pronunció L. —»¡Que lento muero!»— a veces vuelve a mí, como si la hubiese dicho yo o alguien que fui yo. Voy pasando los días como puedo, tambaleándome, medio ciego; pero esto ya no es vida, es la preparación para la salida. No siento ansiedad, sólo preocupación por poder acabar con la situación antes que ella acabe conmigo.

Una de les darreres observacions sobre si mateix en la seva condició d’escriptor exiliat.

El exiliado que no regresa a su hogar se convierte en una figura grotesca, en un santo estilita que se acuclilla en lo alto y espera que los cuervos le traigan comida.

I la seva darrera anotació, després un tret i desprñes silenci.

15 de enero

Estoy esperando el llamamiento a filas, no me doy prisa, pero tampoco quiero aplazar nada por culpa de mis dudas. Ha llegado la hora.

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Gun..bullets – smith & wesson 460 magnum © Greta Ceresini. Creative Commons.

És un llibre dur, molt. Assistim a la decadència d’una persona, la decadència de l’edat i la mort i quedar-se sol… i el suicidi com a escapatòria, com a darrer acte conscient, sortir del món quan ja no hi ha res que t’hi lligui i fer-ho a més a més de manera contundent.

Ja sabia el que començava a llegir, però igualment ha estat dur.