Coche / Harry Crews

Els llibres de Harry Crews es llegeixen o es llegeixen, i no ho penso argumentar, hi ha totes les ressenyes que he fet d’ell (fins i tot en la versió antiga del blog), o sigui que quan els de Dirty Works en publiquen un hi vaig de cap.

Tenim la família protagonista. Són els amos i treballen en un desguàs, agafen cotxes sinistrats i els converteixen en cubs de metall premsat que després s’envien riu amunt. Tenim el pare Easy Mac, el fill Mister, la filla Junell i l’altre fill, en Herman, que cansat del món familiar del desguàs Auto-Town fa una inversemblant promesa, promesa o happening o boutade o vés a saber què.

“Me comeré un coche. Me comeré un coche enterito, desde el parachoques delantero al trasero”. Lo soltó en la radio. Y en la tele. Hasta salió publicado en el Times-Union de Florida.
Junell y el anciano negaron con la cabeza y miraron a Mister como si acabase de soltar una obscenidad inconcebible. Nunca habían abordado el tema de frente. Decían cosas como: “Herman está loco si se piensa que puede hacer eso”. O:”Va contra natura y es imposible”. Pero habían evitado las palabras exactas: “comerse un coche”.

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72 Ford Maverick © Greg Gjerdingen, Creative Commons

Es pensa jalar un Ford Maverick vermell nou de trinca. Però parlem una mica de la família: Mister s’encarrega de la màquina que premsa els cotxes, i Junell s’encarrega d’anar amb la grua a tota velocitat cap als accidents per endur-se els cotxes que han quedat reduïts a ferralla irrecuperable. Coneix a alguns dels polis i també la gent de les ambulàncies, com Bubba i el seu company.

El otro asistente, el compañero de Bubba, que se llamaba George, iba tendido en la parte de atrás de la ambulancia, sobre las sábanas blancas de la camilla deslizante, inhalando oxígeno, algo que solía hacer cuando llegaba al turno de noche con una resaca intolerable. Era un hombre huraño de mediana edad, de tez oscura y amarillenta, con una cabeza calva y pulida como un huevo. Solo podía engancharse al oxígeno cuando salían de servicio, lejos del supervisor, así que cuando la resaca era de las malas solía pasarse todo el trayecto pegado a la bombona verde de oxígeno. Mientras Bubba oscilaba y serpenteaba a través del denso tráfico, george rodaba y se tambaleaba sobre la camilla, pero sin quitarse la negra mascarilla de la cara. Junell intuyó que se trataba de una resaca monstruosa.

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Emergency response to car crash – exercise – Hunnedalen © L.C. Nøttaasen, Creative Commons

I ara una anècdota sobre el desguàs:

Herman nunca había tenido suerte al expresar aquel sentimiento. La primera vez que lo mencionó estaba con su hermano Mister. Fue justo después de que el estado irrumpiese con la autopista, una carretera de acceso limitado y seis carriles que planeaba a veinte metros por encima de Auto-Town, donde iba a unirse con el puente Turner Memorial que cruzaba el río Saint John hasta Jacksonville.
A los diez minutos de abrir la autopista, un camión que pasaba por el puente se quedó sin frenos neumàticos, el camionero murió en el acto al saltar desde el camión en marcha y ser atropellado por el Toyota que le seguía con el morro casi pegado. El camión fue a estrellarse contra la mediana de hormigón y se abalanzó sobre las autoridades que habían acudido a la ceremonia de inauguración, toda una procesión de vehículos flanqueda por una escolta de motoristas y la Reina de la Belleza del estado a bordo de un descapotable.
El camión devastó la procesión. Llevó toda la noche despejar la autopista. Acabaron por derribar los guardarraíles y volcar los coches siniestrados directamente por el lateral para que cayesen desde una altura de siete pisos al Auto-Town de Easy Mack.[…]

Herman y Mister estaban en el patio viendo caer coches del cielo.

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scrapped cars_ © FreeUsePhotos, Creative Commons

Menjar-se un cotxe. És el més semblant a una heretgia en el pais que ha fet del cotxe el seu símbol, un país on a més a més el cotxe és pràcticament imprescindible (Nova York n’és l’excepció, i no serà pas per falta de cotxes), és com un ritu de pas: en complir 16 anys el carnet de conduir i amb sort poder “anotar” amb la xicota al seient del darrere.

Tenim quasi tots els personatges, falten els de l’hotel on Herman farà la seva proesa: el director el senyor Edge i la puta de l’hotel Margo. Ella fa tot just un any que ha sortit de l’institut on era animadora i ara es dedica a això, de guàrdia vint-i-quatre hores a l’hotel, com si fos un servei essencial més, de fet és molt possible que tingués aquesta consideració. Un parell de coses sobre Margo.

   —No conozco a ninguno de los que me follan —dijo ella—. Siempre ha sido así.

—Pero el defensa—dijo Herman tratando de ayudarla—, él…

—No lo pillas —murmuró ella acercando el rostro ardiente a escasos centímetros del suyo—. No me atrapó él, fue el Corvette. ¿Lo entiendes? Conducía un Corvette, y mi puto chulo, aquí en el hotel, tiene un Jaguar. Pero tú —exclamó con voz triunfante—. ¡Tú te vas a comer esa puta cosa! —Ahí sentada, temblando de puro furor—. Por amor de Dios, ojalá pudiera comérmela yo también, tragármela enterita. —Él sintió que le achicharraba los ojos con la mirada—. ¿Lo entiendes?

—Sí —dijo en voz baja—. Lo entiendo.

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Washington Redskins Cheerleaders © Keith Allison, Creative Commons.

La relació entre ells dos contínia quan Herman comença amb el seu projecte, un projecte que li hauria de durar uns 10 anys, menjant-se 250g de cotxe al dia.

   —Tenía los ojos abiertos. Y tenía miedo. Sigo teniéndolo.

—Déjame abrazarte —dijo ella—. Voy a abrazarte.

—Sí —dijo él.

Ella se levantó y se desvistió ante sus ojos. Se bajó la cremallera del vestido blanco y lo único que llevaba debajo eran unas bragas naranjas. Se las quitó y se quedó desnuda. Un único músculo esbelto lleno de hoyuelos.

—Dios, eres preciosa —dijo él. Tenía la vista clavada en las líneas marcadas de sus abdominales.

—De cuando era animadora —dijo ella—. Es posible que solo haya una cosa mejor para el cuerpo que ser animadora.

—¿Y es?

—Follar —dijo ella—. Si pones el corazón en ello, follar te mantiene en muy buena forma.

I ja ho tenim tot a punt, periodistes, televisió i públic disposat a pagar per veure a Herman menjant-se un cotxe. I aquí paro per no destripar el llibre. Els personatges són típics de Crews, lluitadors a un pas de ser perdedors (tampoc es que siguin guanyadors simplement per no perdre) i que són capaços de perdre el senderi si la sort els somriu, hi estan tan poc avesats que no ho saben gestionar.

http://airshipdaily.com/blog/best-literary-tattoos-loving-memory-harry-crews
Foto treta d’aquí, no es menciona autor.

Com a cosa negativa del llibre: la part final em sembla brusca i precipitada, com si l’autor tingués més pressa per acabar que per arrodonir tota la part final, això comença a ser marca de la casa amb Harry Crews em sembla. No cal que digui que és un llibre recomanable, només us recordo que és de Harry Crews i amb això està tot dit.

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