Los diarios de Emilio Renzi: años de formación / Ricardo Piglia

Primer llibre de Piglia i començo amb aquests “falsos” diaris d’un alter ego poc dissimulat. El gènere dels diaris em comença a intrigar, diaris, memòries, aquesta mena de confessions o coses que escriu un escriptor quan es pensa que no escriu.
No tenim un diari en el sentit més estricte, hi ha intercal·lades històries, relats que connecten amb el que se’ns explica. Els anys que Renzi passa a La Plata, estudiant a la universitat, a sou del seu avi que li paga per ordenar les seves caixes amb correspondència de soldats morts a la Primera Guerra Mundial al front italià. Es va forjant l’escriptor, el periodista, però també el polític, que amb certa celeritat passa de curs, de dona, de llit i de ciutat… no hi ha una gran trama perquè a la vida no hi ha grans trames, però va deixant perles que m’han obligat a deixar punts repartits pel llibre una cosa que estic començant a fer (el meu Los detectives salvajes pot explotar provocant una pluja de papers).

Mentre el llegia em passava una mica com amb els llibres de Karl Ove Knausgård, no sé què té, però en vull més.

Alguns fragments:

 Varios encuentros inesperados con Vicky, la encontré la otra noche en el teatro, después, al día siguiente, la vi en la calle 7 y nos fuimos a tomar un café. El martes en la Facultad. Tiene dieciocho años. Pelirroja (como las mujeres que amo), sutil, “viva” -en todos los sentidos-. Yo deslumbrado, ella deslumbrada también. Bosque, nada vulgar. Número 13. Bazar.

 Por momentos estoy en otro tiempo, no se trata de un recuerdo, sino más bien de volver a vivir las emociones del pasado. Por ejemplo, aquella noche con Elena frente al colegio, o con Vicky en la plaza entre los árboles y con Amanda a la salida de la radio. Tal vez deliro, pero me veo a mí mismo en la escena y entonces veo que mantengo la cordura porque imagino que estoy narrando lo que he vivido. Lo curioso es que no recuerdo -o no puedo ver- el contenido de la situación, no escucho los diálogos, no sé muy bien qué és lo que está pasando aunque tengo a veces un vago recuerdo. En definitiva, quisiera establecer una distinción entre recordar y vivir -o verse vivir- en el pasado. La única certidumbre de verdad son los sentimientos y las emociones, que parecen corresponderse en el presente a lo que sentía en aquel entonces.

 He pensado mucho en mis fantasías sobre el pasado de Inés, tiene que ver con el hecho de que es uruguaya. No tiene sentido pensar así, pero no es un pensamiento, sino un modo personal de sentir lo que ella es para mí. Al fin, sólo llegue a la conclusión de que la sensación de pérdida está ligada a que la vivo como una extraña de la que sólo conozco el presente. Sin embargo la “solución” (si hay una solución) es una sola, tengo que comprender que sólo mi literatura interesa y que aquello que se le opone (en mi cabeza o en mi imaginación) debe ser dejado de lado y abandonado, como he hecho siempre desde el principio. Ésa es mi única lección moral. Lo demás pertenece a un mundo que no es el mío. Soy alguien que se ha jugado la vida a una sola baraja.

 Vivo austeramente con el dinero que gano por las clases que doy en la Universidad, viajo a La Plata una vez por semana y me quedo tres días, a veces dos, en todo caso paso siempre en la ciudad una noche, siempre en el mismo hotel. El dinero que gano con mis dos puestos me alcanza para vivir, si no hago gastos extraordinarios. Pero, como a todo el mundo, sólo me interesan los gastos extraordinarios, así que habitualmente estoy sin plata.

 Siempre supe que el mejor modo de vivir era inventando un personaje y vivir de acuerdo con él. Si se ha elegido bien, hay una respuesta preparada para cada situación. Como alguien que habla una lengua extranjera que nadie conoce y espera por azar encontrar a un coterráneo con el que se pueda conversar. Hay que elegir el amor de acuerdo con cierto modo imaginario de vivir la vida (y no al revés). ¿Y no sería eso la felicidad?

 Un tiempo especial de mi vida, diré, sin introspección, sólo con hechos. Paso los días con Julia en esta ciudad donde viví hace años y donde ya nadie me conoce. Tomo ginebra con ella después del amor para poder dormir. Y tengo pesadillas con Inés todas las noches. Un hombre de costumbres, un hombre que no quiere perder nada, ni siquiera lo que él mismo abandona.

 Una cosa que me sucede es que mis amigos o mis conocidos comienzan a confesarme que, más allá de sus vidas concretas, lo que quieren es ser escritores. En estos días Frontini, West, Lacae. La literatura parece una salida al alcance de cualquiera que haya aprendido a escribir en la escuela. Claro que no es lo mismo escribir que redactar. Estoy de acuerdo en que todo el que escribe puede ser un escritor, no creo que haya “elegidos”, sólo que siempre habrá muy buenos escritores y también muy malos.

Què us sembla? El llibre n’és ple de fragments així, potser una mica en detriment de la narrativa, però no hi ha narrativa, no estem al davant d’una novel·la. Fets com el diferents cops d’estat són amb prou feines apuntats, i l’estil d’aquestes memòries és de vegades telegràfic, però de tant en tant surt una lucidesa impressionant. Llegiré més coses de Piglia, i esperaré el segon volum d’aquestes memòries.

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